En un mundo que endiosa a los exitosos y denigra a
los que no lo son, donde pertenecer tiene sus privilegios y no hacerlo
es resignarse a las sobras, cuando parecía que los poderosos habían
logrado aniquilar hasta el último sueño de igualdad... aparecieron
“ellos” para recordarnos que esto es fútbol y, en este “mundo”,
todo puede pasar.
A 280km al este de Montevideo, capital de
la República Oriental del Uruguay, se extiende el Departamento de
Rocha. Uno de los lugares más bonitos del interior uruguayo que se
extiende desde Maldonado hasta la frontera con Brasil y en cuya capital
habitan aproximadamente 24mil personas. Su liga local, la Liga
Rochense de Fútbol, esta compuesta por 37 equipos, todos semi-amateur
y muy modestos. Sus dirigentes conscientes de que seria imposible que un
equipo de ese departamento llegase alguna vez a Primera División
decidieron fusionarse. Y asi fue como el 1 de agosto de 1999 nació el
Rocha Fútbol Club, cuya camiseta oficial seria celeste, en obvia
referencia a los colores de la selección nacional.
El comienzo
Una vez creado el Rocha Fútbol Club, le solicito a
la Asociación Uruguaya una plaza en Primera División, cosa que
fue concedida. Así fue como decidieron contratar a un jugador de
renombre para hacer ruido en su primer año en Primera, el elegido fue el
ya veterano Juan Ramón Carrasco quien llegó como figura y DT. La
labor de Carrasco fue tan buena al frente del equipo que lo llevo en
2002 a ser DT de la selección Charrúa post Mundial Corea-Japón. La
suerte de Rocha sin Carrasco no fue la misma y el equipo descendió a la
Segunda División. Luego del golpe que significó bajar de categoría el
Presidente Jesús Ramos habló con los 600 socios que tiene el club
y los convenció de que el gerenciamiento era la única opción que
quedaba, para que Rocha pueda volver a Primera y pelear en igualdad de
condiciones. Y el gerenciamiento llegó de la mano de tres empresarios
(dos argentinos y uno uruguayo) y con él, el ascenso.
La Resurrección
Ante la falta de recursos está el ingenio y eso le
sobra a Luis Gonzalez, el DT, quién ante la falta de los típicos conitos
naranjas tan comunes en los entrenamientos a puesto cajones de fruta y
estacas de madera para que sus dirigidos esquiven. Los jugadores se
entrenan en una cancha ubicada detrás de un tambo que pertenece a un
hincha fanático de Rocha y donde el césped se reduce a algunos
manchones verdes. Y como si eso fuera poco, cada tanto las
entrenamientos se interrumpen por que una vaca, se mete en plena
practica de fútbol
como queriendo demostrar que “ella” esta
aunque sea para ir al banco.
Los partidos pasan y la campaña de Rocha sorprende
a propios y extraños. Es la fecha 11 y reciben en su estadio el “Mario
Sobrero” a Nacional, equipo con el cuál comparten la punta del
campeonato. Luego del 2-0 del PT,
Nacional demostró por que es
grande y revirtió el marcador con un 4-2, que lo dejó como único líder.
Lejos de acusar el golpe Rocha siguió metido de lleno en la pelea y la
irregularidad en la que cayó Nacional le permitió coronarse campeón en
la última fecha ante Rampla Juniors. Ese día, en el estadio (con
capacidad para 10mil personas) estuvo medio pueblo. Sí, 12mil almas
colmaron sus tribunas y no faltó nadie, si hasta estuvo la vaca, a esta
altura convertida en un emblema del club. Tanto que el merchandising
oficial del club, remeras blancas con la leyenda “Rocha Campeón”
tenían un dibujo suyo.
La obtención del título le permitió jugar la
Copa Libertadores de América de 2006, integró el grupo 6 junto a
Velez Sarsfield (Arg), Liga de Quito (Ecu) y Universitario (Per) y
aunque quedó eliminado en la primera ronda poco importó. Rocha ya había
conseguido lo más importante: demostrarle a muchos, y reafirmarle a
otros, que aún no todo esta perdido. Que las utopías, si estas dispuesto
a dar la vida por ellas, se hacen realidad. Gracias a este pequeño
equipo de fútbol uruguayo por demostrar que … si la Humildad
enaltece a “los Grandes”, La Grandeza hace inmortales a “los Humildes”.