A través del sello independiente "Rough Trade" este
cuarteto de Manchester comenzaba a ganar adeptos. La notable admiración de Steven Patrick
Morrisey (cantante y letrista de The Smiths) por la estética de los sesenta, generó, de
alguna manera, una interesante propuesta de personalidad bien marcada.
Aportando datos "mitológicos" de los que nunca está de más dudar, The Smiths
aparecía por primera vez en público el 4 de octubre de 1982 en el Club Hacienda de
Manchester y quienes presenciaron ese debut (teloneando a quién sabe que banda local)
lejos estaban de sospechar que esos cuatro personajes se convertirían en un fenómeno
destacable de la música pop; para ser más exactos de lo que algunos gustan acotar como
British Pop.
Morrisey, había intentado un fallido pasaje por el periodismo musical (sitio bastante
habitual al que acuden los músicos frustrados). Johnny Marr encontró en Morrisey el
compañero ideal para que las fantásticas guitarras se transformaran en poesía. Sólo
faltaba el sólido piso donde descargar lo que venía flotando.
Ese piso fue el bajo de Andy Rourke y la batería de Mike Joyce, este último el único que contaba con un breve
curriculum de alguno que otro grupo punk y de oscuras tendencias.
Morrisey habla de desengaño, de cosas cotidianas llevadas al gris, de agrias
experiencias, de decepción, de soledad, de incomunicación. Marr pondría una técnica
guitarrística original, un ágil y vibrante empeño en hacer sonar esas seis cuerdas
siempre distinto, siempre seduciendo, siempre jugando con luces interiores que con
inigualables cambios de ritmo hacían las veces de remolinos brillantes sobre los cuales
la voz super liberada y cuasi burlonamente lírica del cantante daban como resultado
composiciones que no parecían encontrar límites precisos.
Para 1983 se presentan en las archiconocidas Sesions de John Peel (programa radial
transmitido por la BBC). Esto y cobrar existencia, para la época era más o menos lo
mismo. Firmado el contrato con la discográfica antes mencionada, su primer single Hand in
Grove y uno posterior, This Charming Man, los colocan en la puerta.
Ya había quienes expectantes aguardaban el lanzamiento del primer
LP y este llegó para 1984. The Smiths, así se llamó el primero, era el nombre justo
¿Por qué? Porque ese disco encierra todo lo que el cuarteto tenía para dar: su
particular filosofía se expresaba a través de baladas originales y quejumbrosas
sazonadas con contundentes pasajes de rock poderoso y enérgico.
Ese mismo año Morrisey y Marr se dedicaron también a recuperar a Sandie Shaw, una
cantante de los '60 que volvió a los charts grabando tres canciones compuestas por el
dúo y ejecutadas por los Smiths.
Los ojos de la crítica parecían torcerse hacia dos lugares diferentes: por un lado la
propuesta musical atrayente de los de Manchester y por otro la personalidad de Morrisey,
que no en vano acumulaba calificativos como narcisista, bocón, mitómano, pedante,
soberbio, etc, etc.
Cierto es que Morrisey se fue transformando en un personaje polémico en casi todos sus
aspectos. Vegetariano, por entonces defensor del celibato, exhibicionista, engreído,
contradictorio y crítico irónico, el hombre podía tener defectos, pero nadie podía
negar que levantaba viento en el escenario (alcanza con mencionar un show donde un
desenfrenado paso de baile lo llevó a caer del escenario manteniéndolo durante un tiempo
con un yeso en una de sus piernas). La conjunción de música admirable y declaración
altamente polémicas de parte de Morrisey era la receta más efectiva, como siempre lo
fue, para alcanzar renombre.
En 1985 llegaría Meat Is Murder y un año después la polémica filosofía grupal
volvería a mostrarse desde la provocación en el título de su tercer LP The Queen is
Dead.
Por un lado un disco maravilloso y por el otro Morrisey diciendo, por ejemplo: "No
comprendo la obsesión británica por la familia real. Un poco de cianuro en el desayuno
nos libraría de esos parásitos". Quizás esta frase no parezca gran cosa por estos
lares, pero dicha en el Reino Unido no pasó desapercibida. La crítica comenzó a
pasarles facturas por el éxito y sobre todo por las declaraciones. Fueron acusados de
racistas, machistas, homosexuales y alguna que otra cosa más. Sin embargo esa misma
crítica reconocía, cuando optaban por la sinceridad, que cada disco de los Smiths era
una pieza brillante, imaginativa, atractiva y contundente de como hacer canciones.
Entre
disco y disco salían al mercado compilados oficiales de los más impecables temas
previamente lanzados como singles. Así 1984, es el año de Hatful of Hollow y 1987 el de
The World won?t Listen. Dedicado al no muy accesible mercado norteamericano se edita, en
el mismo año, de World ... un LP doble que recuperaba los grandes éxitos llamado Louder
Than Bombs. El 87 también se editó Strangeways Here We Come y la discográfica nos
resfrecó la memoria en 1992 con dos CD´s que podian adquirirse por separado y que
reunían casi todo lo realizado por la banda (The Smiths I y II).
Si bien la carrera de Smiths no se prolongó demasiado, llegaron a grabar temas como:
Shoplifters Of The World Unite, Half a Person, The Boy whith the Thorn in is Side,
Unloveable, Ask, The Headmaster Ritual y muchas otras maravillas pop que me eximo de
enumerar por cuestión de espacio. The Smiths fue de esos pocos grupos que hicieron del
pop más clásico una música altamente respetable y eso es lo que realmente valió la
pena. La historia de Morrisey solista, al igual que la del resto de Smiths, es otra
historia.
Chicas con pelo batido y polleras plato, chicos con cara de Calvin Klein imitando a James
Dean, los paredones de la fabril Manchester, las bicicletas negras de paseo y una
seductora combinación que mezclaba a Shakespeare con una oxidada moneda de rockola; eso
fue The Smiths. Eso y mucho más.

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