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Frases como estas suelen abundar en las biografías que parecen querer hacernos creer que los artistas no se hacen sino que nacen. Sin embargo hay un poco de ambas cosas. David Robert Jones nació el 8 de enero de 1947 en Brixton, Londres. Los primeros años de su vida vivió en una zona pobre habitada por familias que tenían algo en común: sus casas habían sido destruidas por el bombardeo a Londres. Influenciado por su hermano Terry, David Bowie se acercó al jazz y a los escritores beat como Kerouac y Allen Grinsberg. Las transformaciones serían un rasgo característico en su camino. Como siguiendo al pie de la letra la frase de Tom Waits: “No puedes dejar de estar en movimiento, ningún perro ha meado sobre un coche en marcha”, el medio en el que David se sintió cómodo fue el artístico y el estético, y el soporte intelectual: su mejor argumento. Pintar, escribir, cantar, diseñar ropa, actuar; cualquier camino hacia la expresión se presentó ante su mirada como útil para decir cosas.
Sin duda los ‘70 fueron su tiempo. Siempre en el equilibrio, como un ejemplo de la modernidad y de una década específica que cuestionaba límites (hija del Mayo Francés y del fracaso de los dorados ‘60), Bowie oscilaba entre la vanguardia y lo espectacular de la cultura mediática. Como ejemplo alcanza ver la variedad de personajes que lo acompañaron en los diversos pasajes por los que transitó su carrera artística. Desde Mick Jaegger hasta Iggy Pop, desde Warhol a Lou Reed, los músicos y artistas más representativos de la época, ya desde un lugar de estrellas consumadas o como simbólicos exponentes vanguardistas, aparecían junto a su nombre dadas diferentes circunstancias.
Su carrera, que bien podía ser desarrollada a
lo largo de muchas páginas, dejó discos antológicos, videos históricos y
películas como El Hombre que Vendió a la Tierra, Laberinto, El Ansia, y otras
tantas donde lejos de aparecer como un músico exitoso
Inquieto, siempre buscando sus propios
límites, siempre cambiando, siempre sorprendiendo. Los escenarios lo vieron con
una simple guitarra acústica, con una super orquesta, con una banda
conservadora, vestido de caballero inglés, de dama provocativa y hasta de una
especie de bizarro marciano de cabaret. Aquel chico nacido en Brixton dio el
mejor ejemplo de una vida en constante transformación cuando allá por el ´72 se
convirtió en Ziggy. La puesta en escena, en la que colaboró nada menos que
Lindsay Kemp, mostraba un escenario construído a distintos niveles y con Así, el Duque Blanco, llegó a todos los límites estéticos, bordeó todas las fronteras musicales, y esa curiosidad inquieta y esa búsqueda permanente de códigos novedosos es lo que aún lo mantiene tan vigente. Bowie no se privó de nada: teatro, cine, música
y cuanto medio expresivo pudiera enumerarse fue recorrido con su estilo de
manera eficiente. Ziggy Stardust, Suffragette City, Changes,
Fame, Ashes To Ashes, Fashion, Heroes, Modern Love, Blue Jean y una larga
lista de temas que se acrecienta con cada disco nuevo han quedado
Días después se conoció la verdad, pequeño detalle: el pintor Nat Tate jamás existió. Debe haber sido imperdible el momento en que
Bowie y Boyd rieron de la broma, que no hizo más que dejar en ridículo cierto
aspecto real del mundo del arte, pero más fascinante aún debe haber sido estar
en el momento en que los críticos parlanchines se enteraron de la verdad. Las andanzas de este duque parecen no tener fronteras en lo que a la esfera cultural se refiere. Musicalmente está, como siempre, preparando material para una nueva placa; como se aburre con una sola tarea se hizo tiempo para fundar una editorial y una galeria de arte a la cual podemos acceder, mediante internet (www.bowieart.com/), tanto para curiosear sus obras como para comprarlas. Mucho es lo que se podría agregar de este artista, ya desde la crítica o desde una posición de devoto admirador de su obra. Lo indiscutible de la cuestión es que David Bowie parece resistir el paso del tiempo con solvencia, apoyado sobre una fórmula que le impide estarse quieto. Escribió páginas importantes de la historia musical de las últimas décadas, se mostró alternativo, pragmático, comercial, vanguardista , equilibrado y extremista a la vez. Hoy, mitad figura de culto por su pasado, mitad admirado por su presente, David se muestra tan vigente como siempre. Siempre un paso adelante, atrás o a los costados, pero nunca «parte del rebaño». Bowie parece tener las llaves de la máquina del tiempo. CD - Recomendaciones subjetivas:
Se trata de un disco de canciones puras, en el que Bowie parece querer resaltar su condición de interprete vocal por sobre todas sus otras virtudes. Cada tema hace recordar a una época o a un disco suyo. En "Slow burn" (primer corte del disco) participa el guitarrista Pete Townshend, ex The Who, con un riff que evoca a Robert Fripp en "Héroes". Excelentes coros y vientos. Podría tratarse tranquilamente de una canción de “Scary Monsters”. Se destacan también algunos covers como: “Cactus” de Pixies, “I've Been Waiting For You” de Neil Young, aunque ya interpretada por él en algunos conciertos durante Tin Machine 91 tour, y “I Took A Trip On A Gemini Spacecraft” de Norman Carl Odam.
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