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Cómo Explicar el Guernica ?
Cómo explicar una Guerra ?

Guernica - Pablo Picasso
Paris 1º de mayo al 4 de junio de 1937-
oleo - Museo Nacional Del Prado
Madrid
España 1936
Monarca constitucional
desde 1885, Alfonso XIII, reinaba España ya entrado el siglo XX. A cargo
de una administración discreta, la década del 20 no fue afortunada para aquel rey. El
detalle que faltaba: para 1921 un ejército español fue enviado al Marruecos español
para sofocar una revuelta encabezada por Abd-el-Krim, y las tropas del rey fueron
aniquiladas por los moros. La monarquía, notablemente debilitada, encontró salida hacia
1923 cuando el General Miguel Primo de Rivera decidió adueñarse del
poder mediante un golpe cuasi burocrático que contó con la anuencia de Alfonso,
quien se refería al general como "Mi Mussolini".
Primo
de Rivera era un dictador militar, pero vale aclarar que, pese a la comparación de
Alfonso, no era fascista. Llegaron numerosas obras públicas y quizás su mayor logro:
ponerle fin a la guerra en Marruecos en 1925. Pero, como para todo el mundo, 1930 se hizo
sentir y la crisis mundial sumió a España en una depresión económica que debilitó al
gobierno. Primo de Rivera dimitió, y en abril del 31 se celebraron
elecciones. Los republicanos ganaron las ciudades más importantes y una
enorme multitud copó las calles madrileñas. A fin de evitar enfrentamientos internos, Alfonso
XIII decidió abdicar y se proclamó la república sin más trámite. Sin embargo el
choque entre las fuerzas políticas no tardaría en producirse. Lo que se quiso evitar en
el 31 terminaría por explotar cinco años después con una virulencia sin precedentes.
La república tenía problemas. Cataluña y las provincias
vascongadas reclamaban su independencia, la Iglesia no veía a la república con
cariño, el ejército tampoco, y la depresión económica se acentuaba.
La derecha temía por esa revolución social en aumento y se oponía a cada decisión que
partía de la izquierda. Izquierda que, por otro lado, distaba de ser homogénea
(socialistas, anarquistas, sindicalistas, y en menor número, comunistas). Se dio a
Cataluña cierta autonomía, se separó a la iglesia del estado, se inició la
nacionalización de las fincas de mayor extensión, se pasó a retiro a varios oficiales,
etc. Cada medida tomada por el gobierno republicano enfurecía más a los grupos de
derecha (iglesia, ejército, industriales y terratenientes). En 1932 un grupo de oficiales
intentó derrocar al primer ministro Manuel Azaña, pero fueron anulados
rápidamente ya que el ejército, en su mayoría, continuaba fiel a la república. La
derecha se agruparía entonces en un nuevo partido defensor de la iglesia y el ejército
(CEDA).
Los quiebres dentro de la izquierda se empezaron a profundizar. Anarquistas y
sindicalistas buscaban la abolición del sistema capitalista y criticaban a los
socialistas por su acercamiento a las clases medias. En enero del 33,
guardias del gobierno incendiaron unas casas en una aldea cercana a Cádiz
para hacer salir a los anarquistas allí reunidos. Veinticinco personas murieron en los
incendios, y el hecho le costó la soledad a Azaña quien, abandonado hasta por los
propios socialistas, debió dimitir. En las elecciones de noviembre de aquel año, la
derecha ganó. José María Gil Robles gobernó y es fácil imaginar que
tipo de medidas tomó. Anuló la mayoría de las "hazañas" de Azaña. La
tortilla se dio vuelta y entonces fue la izquierda la que se molestó. Interfirió el
gobierno catalán, negó autonomía a los vascos (error político, ya que los vascos lo
habían apoyado) y conforme el gobierno se movía más a derecha, la izquierda fue
haciendo fuerte una alianza conformando un Frente Popular. Un grupo
anarquista descarriló el expreso Barcelona - Sevilla donde murieron
diecinueve personas, la cosa se ponía más y más violenta, hubo sublevaciones en Cataluña
y Asturias. Los mineros asturianos lucharon con vehemencia pero
fueron aplastados por las tropas de un hombre que empezaría a sonar mucho: el
general Franco. La situación político-económica se tornó inmanejable para la
derecha y el Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936.
El gobierno dejó al descubierto las grietas de la alianza frentista. Incapaz de mantener
el orden, la situación desembocó en julio del 36 con el asesinato de Calvo
Sotelo: el político más destacado de la derecha. La Falange Española,
el nuevo partido fascista liderado por Antonio Primo de Rivera (hijo de
Miguel), ya tenía planeado el golpe y el asesinato de Calvo Sotelo fue una
excelente excusa. El general Franco se convertiría rápidamente en el
líder de la derecha, polarizando la fuerza bajo el nombre de nacionalistas en oposición
a los republicanos. Comenzaba una etapa negra en la historia de España. La guerra
civil había comenzado.
Los nacionalistas dominaban la mayoría del norte,
mientras que el sur, incluyendo Madrid, era terreno de los republicanos.
Franco recibió ayuda de Alemania e Italia y los republicanos
de Rusia. Francia y Gran Bretaña se mantuvieron neutrales. Luego de que
mucha sangre corriera por las calles de toda España, la contienda terminó cuando las
tropas de Franco tomaron Madrid. La victoria era de
esperar: mientras Franco había mantenido unidos a los grupos de derecha, la
izquierda se debilitaba; de hecho anarquistas y comunistas llegaron a enfrentarse entre
sí en Barcelona por algún tiempo. La guerra duró del 36 al 39 y Franco
gobernó hasta su muerte en 1975.
La guerra dejó una herida absurda que prácticamente desangró al pueblo entero. El apoyo
de tropas extranjeras fue decisivo para llevar a Franco a la victoria, y un testigo de
esto es ese cuadro maravilloso de Pablo Picasso que mezcla el placer
sublime de lo estético con el desgarrador dolor de la historia que ilustra. Aviones
alemanes, en apoyo del régimen franquista, bombardeaban un indefenso pueblo
vasco. Cerca de mil seiscientas personas morían en una sola acción. El
nombre del pueblo, Guernica, pasaría a ser uno de los símbolos más
significativos de aquel periodo tristemente inolvidable. Hoy, en una de las paredes del Museo
del Prado, un rectángulo pintado que dice en silencio el resultado de la
violencia. Una violencia cuyas víctimas podrían reducirse a solo una: el
pueblo español.
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