Cleopatra La Reina del Nilo
EGIPTO
/ ALEJANDRÍA 69 aC
Quizás
la literatura y el cine sean los responsables de que el nombre
Cleopatra nos suene
familiar, pero sólo es el reflejo distorsionado de aquella joven lo que ha
llegado al gran público.
Lamentablemente, y espero no me odien por esto, debo advertir que la poderosa
faraona no se parecía, ni siquiera un poco, a la famosa actriz Elizabeth
Taylor. Igualmente no es la función de este escrito criticar la fidelidad
histórica de la aceitada máquina hollywoodense, sino husmear, apenas, en algunos
recovecos de la historia para descubrir que no sólo los grandes hitos dibujan el
tiempo de los hombres, también allí, en el detalle, en lo no es tan trascendente
para nuestros sentidos educados, cada vez más en la síntesis, están dispersas
las claves de los mapas por los que los seres se desplazan.
Hablábamos de Cleopatra, y con sólo nombrarla nos
situamos en el Antiguo Egipto. Si nos sometemos al rigor histórico encontraremos
que esa reina que se a transformado en todo un icono es exactamente
Cleopatra VII. Es decir que hubo seis antes que ella que llevaron tal nombre
y que no contaron con la fama de esta. ¿Por qué? En parte por lo que ya dijimos
al comienzo, pero también por las características que la dama ostentaba.
La séptima Cleopatra de la dinastía Lágida,
la última y la más poderosa, accedió al trono el imperio a los 17 años. Como se
acostumbraba en aquella cultura, se casó con su hermano Tolomeo que por entonces
tenía apenas 12 años.
Era el año 51 a.C cuando Tolomeo XII Auletes padre de Cleopatra
y
Tolomeo, unidos en matrimonio, murió dejando el imperio a manos de sus
hijos. Desde entonces ambos se enfrentaron por el poder en un lucha que
terminaría ganando la joven.
Durante su reinado, Cleopatra VII intentó por
todos los medios de reafirmar la independencia de Egipto ante el poderosísimo
imperio Romano, pero su historia ligada a las tierras de los Césares es de
una complejidad política digna de los tiempos que corren.
En principio, desterrada por su hermano Tolomeo, se valió
de su poder de seducción para atraer los favores del por entonces general
del ejercito romano
Cayo Julio César con quién tuvo un hijo al que llamaron Cesarión.
Cuenta la leyenda que ella se presentó desnuda ante el general romano para
conseguir su apoyo en la batalla por el poder que estaba librando contra sus
enemigos internos. Saber si se presentó o no desnuda, es lo de menos, pues
igualmente consiguió lo que buscaba: volver al trono de Egipto.
Cleopatra dio a luz a Cesarión en el 47 aC
y fue a Roma donde el padre de aquella criatura había sido nombrado "Imperator".
Tras el asesinato de Julio César, el ambiente político de Roma no era el
ideal para que permanezca allí la joven madre y su hijo (ilegítimo para las
leyes romanas).
Cleopatra volvió inmediatamente a Egipto para
hacer asesinar a su hermano y asociar al trono a Cesarión.
De
la morena de pelo negro son pocos los datos fehacientes que podemos brindar
sobre sus dotes físicos. Aunque no así de su inteligencia política y de su
capacidad de seducción, quizás basada únicamente en una desfachatez y una moral
"flexible" para la época, pero sumamente efectiva para sus propositos.
En el 41 a.C cayó bajo sus encantos Marco Antonio,
con quién protagonizó un verdadero romance de película. Fría y calculadora en
muchos aspectos, logró que el gobernador de la parte oriental del imperio
romano pusiera a su disposición las victorias obtenidas.
Fue con Marco Antonio con quien conquistó los territorios de Chipre,
Fenicia, Cicilia, Arabia y parte de Judea, para el imperio
egipcio.
En Roma no se veía con buenos ojos las conquistas que
Marco Antonio y su reina estaban llevando a cabo. Entonces el Senado Romano
le declaró la guerra a la pareja. Las tropas del Emperador César Augusto
terminaron por derrotarlos en la batalla de Accio (31 aC) y Marco
Antonio y Cleopatra regresaron a
Alejandría
donde tomaron la resolución de terminar con sus vidas.
Lista para el suicidio, la historia dice que la llamada
Reina del Nilo, utilizó el veneno de un áspid (pequeña serpiente muy
venenosa de las que abundaban en los desiertos de oriente). Así terminó la vida
de aquella enigmática dama que para algunos sólo fue una exótica señorita que
solía bañarse en leche de cabra. Lo cierto es que la Reina del Nilo ya
sospechaba y, de hecho, ejercía el poder que una mujer desprejuiciada e
inteligente (más allá de las valoraciones morales que cada uno pueda hacer del
caso) tiene en sus manos cuando su objetivo es claro. Valiéndose de su capacidad
de seducción y echando el ojo sobre personajes verdaderamente influyentes para
la época: la fama de Cleopatra,
la séptima, llega hasta nuestros días.
Nació en Alejandría en el 69 a.C y murió en la
misma ciudad en el año 31 a.C. Tanto su vida como su muerte fueron el
resultado de una existencia en donde puso todo en juego. A los 17 fue reina, se
mantuvo 22 años en el poder y a los 39 ya había vivido demasiado. Cuál habrá
sido su último pensamiento antes de que el veneno mortal ejerciera su efecto
definitivo, será otro de los infinitos misterios que la historia no debela ni lo
hará jamás; o sí prefieren: otro de los misterios que permanecerán por siempre
custodiados por el paisaje del delta del Nilo o de las arenas del
desierto egipcio.
|