Un
día será el día en que murió Maradona. Ese día el mundo se
sorprenderá ante las muestras de dolor y la dimensión que alcanzará el
hecho.
Un día como cualquier otro todos los
diarios del mundo darán la noticia y podremos leer los análisis más
complejos, sensibles, críticos o simplistas sobre la muerte del jugador
de fútbol.
He escuchado sobre Diego las más
extravagantes conjeturas incluyendo los más entupidos análisis sobre su
vida y sobre lo que ella significa para los argentinos, en particular, y
para los futboleros del mundo en general.
Desde los ignorantes que hacen hincapié
en su adicción a cocaína, hasta los mediocres que se creen libres
de culpa y cargo adjuntando la frase: "Como persona prefiero no opinar,
pero como jugador de fútbol ha sido el mejor".
Me he puesto a pensar por qué Maradona
es considerado por muchos como un dios, y por qué es humano.
Creo que esto quizás ayude a algunos a pensar que no es tan extraño que
le hayan adjudicado ese título tan pesado, y que también puedan empezar
a pensar en lo positivo de que ese dios haya sido tan falible.
Desde luego este no es un trabajo de
análisis sociológico que explique el fenómeno del 10, ya hay gente mucho
más capaz en la materia que ha llenado páginas completas respecto al
tema. Este escrito es tan solo una puesta a pensar. A pensar
en símbolos, en momentos, en metáforas que lo convirtieron en dios, un
dios nacido de un balón de fútbol cuyo nombre científico es D10s
Diego fue, es y será (porque el
recuerdo no hace más que acrecentar el mito) el mejor jugador de fútbol
de todos los tiempos. Cuyo antiguo testamento narrá vivencias de
un niño de clase media baja de uno de los países más futboleros del
planeta.
1- El mejor jugador de fútbol de una
región cuya religión es el fútbol se convertirá en Dios.
Diego vistió la camiseta del club más
popular del país, se declaró hincha fanático y colocó la camiseta de la
selección nacional por sobre todas,
2- La nación y su símbolo por sobre los
intereses particulares.
Jugó con los tobillos violetas e
infiltrado hasta decir basta.
3- Sacrificó su cuerpo por la celeste y
blanca. Una especie de sacrificio humano en representación a un
pueblo castigado.
En el 86, primer mundial luego de la
Guerra de Malvinas donde Argentina fue humillada por la Armada Inglesa y
por sus propios gobernantes asesinos, Maradona engañó (de la manera en
que un ratón engañaria a un león) a los ingleses, y para que no
todo quede en un engaño hizo el gol más maravilloso de la historia de
los mundiales.
4 - Nos sentimos ganadores en algo,
después de tanto perder en todo.
En el 90, el mundo lo vió putear a la
hinchada italiana que silbaba el Himno Argentino. No es dato menor
agregar que en esa época Diego jugaba en Italia y era ídolo absoluto.
5- No son pocos los que con el llanto
de Diego en la final de la copa de Italia 90 sintieron inconscientemente
el llanto de dios ante la injusticia.
Podría seguir, y seguir, la vida de
Diego está llena de estas especies de parábolas místicas. Pero
para la fortuna de los que lo aman de manera desmedida y los que
lo odian sin razón, Maradona es humano.
Imaginemos a Diego con el aspecto de
Beckham, la vida ordenada de Batistuta, la habilidad comercial de Pelé y
la pulcritud protocolar de Platini.
Maradona sería el mejor, el ejemplo, el
hombre más rico del planeta, pero no sería dios. ¿Por qué? porque
son los que esperan siempre un milagro aquellos que le llaman dios, y
dios debe ser rebelde. Porque dios no puede ser políticamente
correcto, porque dios debe ser crítico del mundo, porque dios no
representaría lo ideal de un mundo que esta lleno de errores, falacias,
mentiras y traicciones.
He visto a más de un idiota criticarlo
para acto seguido salir corriendo a sacarse una foto con el mito.
He visto a grandes señores explicar que Diego era como Aquiles, con la
diferencia de que fue sostenido por su lengua en lugar de por su talón.
Por suerte, para los que no podían
soportar un dios humano, Diego es un pecador: se droga!!!!!
Y fue ese detalle el que sirvió para
decirle al mundo: vean lo que pasa paganos del mundo!!!
He escuchado a imbeciles magníficos
decir: "lo que nunca le voy a perdonar a ese Maradona es que se drogue".
Como si alguien tuviera el derecho, o el poder, de perdonarle algo a
alguien que jamás pretendió el lugar donde fue colocado.
Usado por todos, fue un alivio para
muchos verlo esposado, verlo humillado, verlo procesado, verlo con
sobredosis, verlo con sobrepeso, verlo ser quitado de la cancha.
Y las frases sagradas seguían brotando
de la misma boca con que críticó a la FIFA, al Vaticano y a los
gobiernos (casi siempre sin encarnar ni más ni menos que la voz
popular de insostenible análisis pero certera cual latigazos explosivos
que ayudaban a llenar páginas y tiempo televisivo).
"Me cortaron la piernas".
"La pelota... la pelota no se mancha".
Y las frases y acontecimientos ayudaban
a endiosar más al humano y a humanizar más al ídolo.
Maradona es dios para quienes es dios:
y eso no soporta mayor análisis. Maradona no puede dejar de ser
Maradona ni siquiera en un pueblito de campesinos en la China.
Maradona fue entronado, devorado, consumido y vapuleado por el mundo.
Maradona es una persona, pero como dice una letra del músico Calamaro (cuyá
frase parece bastante tonta en su primera lectura) "Maradona no es una
persona cualquiera". Diego carga con el peso de ser Maradona las
24 horas del día. Carga con el deseo de millones que depositaron
en él todo, sin que el lo pidiese, y con el deseo de millones de ver
como otro dios vive su ocaso traumático para ser despedazado por sus
propios pecados (que de hecho no son aquellos que aparecen como tales).
Maradona solo saber jugar, eso es lo
que ha echo y lo que hará hasta el día en que los diarios publiquen:
Maradona ha muerto.
Ese día todos jugaremos por él, nadie
lo extrañará realmente salvó los que lo aman no por ser Maradona (el
resto estaremos ocupados alimentando el mito). Hasta allí mismo
seremos crueles como sabemos serlo los humanos, a partir de allí se
lavaran sus pecados porque ya no será su vida una amenaza. A
partir de allí se caerán las teorías y terminaremos de despedazarlo
guiados por el odio o el amor. Un amor y un odio que más que ver
con Maradona tiene que ver con la esencia humana.
La pompa de su entierro será
inolvidable, y durara años, siglos.
Habrá lagrimas desconsoladas, y en
Argentina se habrá muerto el tercero: Gardel, Evita y Diego. Y
seguirán los juicios de valor, y algún entupido dirá: "no supo manejar
su vida" y la trilogía del Arte, Política y Deporte sumirá a la nación
en un velorio permanente con orgullo y añoranza. Quizás ese día
Argentina se hunda para siempre como la Casa Usher de Poe. Quizás
no.
Quizás se le adjudiquen milagros y
pecados que jamás cometió. Quizás yo muera antes, pero si muero
después, creanme que ese día no tendré ganas de escribir. Solo
estaré deseando que allí donde vaya, si es que Diego va algún lado:
haya un balón. Porque allí, en esa esfera redonda es donde empezó
todo y es con la que le vi las sonrisas más sanas, simples y sinceras.
Una pelota, para quien este circo
intentó mostrarlo como lanzallamas, payaso, equilibrista, hombre
elástico y fiera en rebeldía.
Una pelota porque fue ella la única
capaz de darle placer sin pedirle ni exigirle que se comporte como un
dios.
por José M. Pascual
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