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El siguiente texto esta bastante alejado de intentar ser una cavilación
filosófica o una vulgarización de pensamientos como los que invadieron a
los iluminados hombres que disponiendo de una seguridad económica
razonable destinaros largas horas a buscar la esencia del ser.
Parto de la idea
de un golpe en la cabeza que trastoca el orden de mis conocimientos y
coloca en un plano equivalente a "los sucesos posteriores al
asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo" y lo que sé
de mi mismo.
Ahora bien, debo
aclarar, no soy experto en "Los sucesos posteriores a la muerte del
archiduque...", se que la organización Mano Negra resistía las políticas
exteriores del imperio austrohúngaro y que se toma ese hecho como
desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Más o menos lo
mismo sabía de mi. Sabía que había estudiado, que conocía las
técnicas de lectura y escritura básicas, que no había tenido una mala
vida y que gozaba de la salud indispensable como para que la vida se
parezca más al placer que al sufrimiento.
Pero como cuando
a uno le interesa un tema en particular trata de investigar e ir un poco
más allá, como si fuera a la biblioteca a requerir textos
relacionados con el asesinato del Archiduque, me encomendé la tarea de
saber más sobre mi.
Y así utilizando
la técnica de la entrevista fui juntando las piezas que deberían dar
conmigo mismo.
Un compañero de
los primeros años de escuela, al que no volví a ver, me dijo que era yo
uno del montón, que era bueno venir a mi casa porque mi madre daba unos
bizcochos muy sabrosos.
El médico me dijo
que yo era alguien bastante sano. Lo mire como no entendiendo lo
de "bastante" y me aclaró que como profesional él no creía firmemente
en que existan personas completamente sanas. Igualmente esa
conversación me sirvió para saber que había tenido alguna que otra
enfermedad eruptiva en mi niñez y que me habían hecho un par de suturas
por intentar dominar una bicicleta en contra de las leyes de la física.
Los amigos que me
conocen mejor me dijeron que la conversación no tenia sentido, que yo
debería saber quién soy, se rieron y seguimos bebiendo. Yo un poco
apesadumbrado por haberlos puesto en semejante situación cambié
súbitamente de tema.
Algunos amores
pasados coincidieron en que era... no sé, creo que los adjetivos
comenzaban bien y a medida que se removían recuerdos se tornaban menos
corteses terminando en cosas como: inestable, insensible, poco serio,
infantil, torpe, incomprensible, cobarde y algunas cosas más que rondan
en los mismos términos.
Para los vecinos
la cosa fue más simple, o no sabían quién era yo y por qué estaba
tocando a sus puertas o respondían que era yo un buen vecino, que nunca
un problema, que me comportaba cortés y que tenia un modo particular de
caminar, como agachando la cabeza y yendo apurado.
Algunos
profesores me recordaban por hablar demasiado, por no hablar, por mi
falta de atención, por algunas respuestas interesantes, por algunas
preguntas fuera de lugar, por trabajos bien hechos o por el simple hecho
de haberme visto parecido a algún otro alumno que ya habían tenido en el
largo desfile de alumnos frente a sus ojos. Uno llegó a
confesarme: "Hijo, mire usted, generalmente nos acordamos de los
alumnos brillantes o de los pésimos, no de los que promedian...
sinceramente no sé quien sea usted", y luego de un incomodo silencio
agregó "...pero me alegra verlo, ¿en qué año me dijo que curso
conmigo?"
Lamenté no haber
hecho terapia jamás, pero supongo que mi analista hubiera dicho que yo
era un buen pagador y esas cosas. La cajera del mercado dijo que
mi cabello le resultaba chistoso, el hombre del bar donde desayuno dijo
que me gustaban las mesas junto a la ventana y sumó el dato de que era
fumador, un policía que me detuvo aquella noche me afirmó que era
intratable y que yo era de esos tipos peligroso para la sociedad, una
jueza de un concurso literario me confesó que nunca llegó a leerme por
más que devolvieran mi ejemplar como evaluado.
Claramente pensé
que habiendo realizado tantas entrevistas ya tendría un panorama más
preciso de quién era yo, pero resulté ser un jugador de fútbol mediocre
cuya única habilidad era ser zurdo, tener demasiado compromiso político
para algunos y muy poco para otros, ser divertido... pero por poco lapso
de tiempo, averigüe que me gusta mucho dormir, que hay días en siento
vacíos profundos y otros en que me creo elegido sin egolatrismos.
Agnóstico más no militante del agnosticismo, pésimo bailarín, en fin...
demasiado datos.
Para algunos era
el amigo de un amigo, el hijo de, el que se sentaba delante, el que se
sentaba detrás, el que hizo equis cosa equis día, el paciente, el
cliente, el que escribió determinado articulo, el que se fue antes de la
fiesta, el que llegó temprano, el único que no me pareció extraño, el
que me pareció extraño, el de charlas aburridas, el de la camisa linda,
el de los zapatos feos, el que discutió sobre no recuerdo que cosa, el
que estaba sentando en la mesa que a mi me hubiera gustado ocupar
aquella tarde en el bar, etc.
Lo extraño, o
quizás no tanto, es que cuando uno más quiere saber de algo parece
alejarse más, o bien se da cuenta de lo lejos que está de alcanzar el
conocimiento completo. Ese astillado panorama de quién soy
no me sirvió de mucho, generalmente la respuesta más difícil es la
que debe partir de uno mismo, y siendo exactos: uno es el menos sincero
con si mismo. Sobre la teoría: uno es lo que cree que es, mas lo
que los demás piensan que uno es, más lo que uno en realidad es, creo
que tampoco ayuda demasiado a dilucidar la cuestión.
Construiré lo que
soy con lo que venga en gana destacar de mi ¿Es así como funciona,
verdad? Un cúmulo de fracasos, unos cuantos aciertos, un poco de
fortuna, algo de nihilismo, pizcas de fe en el esfuerzo, uno del montón,
único, gustoso de las mesas junto a la ventana. "La muerte del
archiduque en Sarajevo es tomada como el hecho que desencadenará la
primera guerra mundial".
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
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