|
Podría
realizar un listado que muestre como los progresos tecnológicos siempre
han dividieron las aguas en la historia de la humanidad. La
llamada revolución industrial de hecho generó movimientos entre los
que veían a la maquinas como una posibilidad fabulosa de aumentar la
plusvalía y aquellos que veían amenazadas sus fuentes de trabajo.
Los
Cartistas desaparecieron luego de algunos atentados contra fabricas en
Manchester, Liverpool y algún que otro polo fabril. Las maquinas
habían ganado.
Y
cada vez que el status quo vuelve a ser amenazado los gansos comienzan
con su graznido de alerta para defender su nido.
La
iglesia pudo negar por años la teoría copernicana y hasta incendiar a
más de un teórico, los dueños de las empresas de diligencias en el
viejo oeste norteamericano no pudieron detener el tendido de vías férreas,
los artesanos del siglo XIX tuvieron que aprender a manejar los
conceptos de producción en serie.
Estas
transformaciones originaron nuevas fuentes de trabajo y destruyeron
muchas otras, originaron cambios inclusive en las estructuras sociales y
marcaron la muerte y el nacimiento de relaciones interpersonales.
En
el presente existe una industria que se ve amenazada, una de tantas, y
que ha encarado una lucha totalmente equivocada. Una pelea estéril
diga de los fabricantes de velas cuando el tendido eléctrico se
propagaba por el planeta. Los músicos no podrán detener a los
eDonkey, eMule, Kazaa, Bit Torrent, Shareaza o sea cual fuese el nombre
que adopte cualquier programa de bajada a través de este medio.
La
industria musical, que es la más afectad por la perdidas millonarias
que esto ocasiona, ha embarcado en la lucha de un modo que demuestra su
escasa capacidad intelectual. Gastando verdaderas sumas siderales
de dinero en campañas cuya imbecilidad consta en concienciar a la
sociedad del efecto que causa la piratería informática. Spots
publicitarios que apuntan a la moralidad y colocan, por ejemplo, a músicos
reconocidos (millonarios en muchos casos) hablando de lo mal que hace
eso a la industria.
El
último spot de una de la empresas recaudadora dentro de la industria
musical dice que por cada disco pirata adquirido un baterista, un
bajista, un cantante pierde su trabajo.
Quizás
sea esa la causa del altísimo porcentaje de desempleo que existe en
este circo, aunque lo veo dudoso, pero pocos son los que salen a
defender la situación de miles de bajistas, baterías y cantantes que
pudieron hacer conocer su arte gracias al nuevo sistema de trafico
musical.
La
lucha contra estos sistemas de intercambio de archivos fue torpemente
encarada. Igual que los opositores a la revolución industrial: es
más fácil demonizar y quemar las maquinas que absorber el impacto del
cambio para acompañar el desarrollo.
Nadie
de la industria se sentó a revisar como esta conservaba su sentido,
como bajar costos y elevar calidad (esto solo se dio en pequeñas
discográficas), como hacer para que el consumidor se vea seducido por
sus producciones. Solo salieron al ataque movilizando su ejercito
de leguleyos gastando cifras millonarias y amenazando que los Elton John,
las estrellitas de Operación Triunfo o los Ricky Martin se quedarían
sin trabajo; cuestión que realmente no sensibiliza absolutamente a
nadie y que algunos hasta deseamos fervientemente de maliciosos que
somos.
Para
peor, sus matemáticas son horribles; creyendo que los millones de
adolescentes (y no tanto) que intercambiaban sus archivos son clientes
que se pierden, lo cual es de una negación absoluta, puesto que
gran parte de ellos jamás compraría un compacto al precio que el
mercado lo ofrece.
El
avance tecnológico es imparable, quedará en cada industria amenazada
la elección del camino posible: adaptación o enfrentamiento. La
segunda solo los pondrá en ridículo hasta el día de su desaparición.
La primera: experimentada ya por algunas pequeñas discográficas,
realza el producto elevando la calidad de la presentación, ofreciendo
alternativas y generando beneficios para aquellos que deciden comprar y
no traficar de modo alternativo.
Yo
sigo prefiriendo adquirir por vía oficial los discos de mis músicos
favoritos (y lo haría más aún si me sobrara dinero), sin embargo hoy
tengo acceso a miles de artistas por los que ni siquiera me molestaría
en preguntar cuanto cuesta su último CD.
¿La
industria discográfica seguirá equivocando el camino? Esa respuesta
está en los directorios reunidos en los últimos pisos de los edificios
de las corporaciones donde los viejos carcamanes deciden que artista será
éxito y cual no.
Viva
aquél Napster original gratuito, el desaparecido Audio Galaxy, eMule,
Kazaa, y todos los programas de intercambio de archivos musicales, e-books,
videos, etc.
Me
dará un gran dolor ver a Madona, Metallica o Steven Spilberg pidiendo
limosna en la puerta de una iglesia para poder comer. Ellos, sus
perros de tres mil dólares, sus autos de lujo, su docena de mayordomos
y sus guardaespaldas. Un gran dolor, que se que jamás tendré,
pues se que eso nunca lo veré por más que la industria me amenace.
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
Prohibida la reproducción total o parcial
de los textos sin el consentimiento del autor
inicio
archivo
buscar artículo
|
|
este circo
napster
discográficas
emule audio galaxy
piratería música
carlistas, revolución |
|