En
este circo hay un tesoro invalorable cuya lucha por su acceso muchas
veces perdemos de vista. La información es un bien inmaterial del
que parten los caminos de la justicia, la injusticia, la acción, la
inacción, el desarrollo, la violencia, la comprensión, la
intolerancia, etc.
El
concepto es demasiado basto y abarcativo, pero bien sabido es que la
diferencia entre dos personas perdidas en un desierto estará dada por
ese mapa, ese conocimiento del terreno, la experiencia del oscilar de la
temperatura entre día y noche, etc. La diferencia entre esas dos
personas estará signada por la información a la que tengan acceso, y
en este caso extremo: será la diferencia entre la vida y la muerte.
Estamos
constantemente bombardeados por información, lo cual nos crea una
sensación errónea de estar obteniendo constantemente acceso a ese
invaluable tesoro. Sin embargo esa metralla externa, y nuestros
propios limites autoimpuestos, no hacen de nosotros más que míseros
cyborgs inútiles. Aflorando con orgullo estúpido en el lenguaje
con frases como: no me interesa, para que quiero saber eso, de que me
sirve acceder a saber por qué si lo que quiero saber es cuándo, etc.
Inclusive
hasta entre quienes pueblan las aulas del mundo se encuentran los que
solo ven la información como algo a superar para un fin. Es decir
absorber efímeramente una información para lograr un objetivo de
reconocimiento (aprobar un examen, obtener un título, etc) para luego
descartarla considerándola inútil para otro fin más loable: ese que
transforma la información en herramienta.
El
derecho a la información hace las diferencias entre personas, pueblos,
países, regiones, civilizaciones. Si nos pusiéramos a analizar
las diferencias entre un circo medieval y el circo moderno veríamos que
es el acceso a información el que produjo las más grandes diferencias,
y que si hoy hay circos medievales conviviendo en este futuro decadente
es porque justamente es ese bien tan preciado el que no se ha derramado
igualitariamente.
Cuando
nos preguntamos porque hay potencias mundiales dominantes también deberíamos
ir al reconocimiento de que esas estructuras de dominio vieron en el
acceso a la información la fuente del poder. Esto que parece una
ecuación tan simple no es divisada por todos.
Si
tu tienes sed y yo sé donde hay agua: yo tendré el poder, porque poseo
la información. Y esto será hasta inclusive obteniendo yo el
agua de tu propio río.
Mi
información servirá para crear dependencia o para entregártela a ti
si es que tienes disposición a interesarte por dicha información.
Yo
saco el agua de tu propio río y te la doy. A ti te quedan dos
opciones, esperarme a mi, lo cual es muy cómodo, y beber el agua o
pelear por acceder a la información que yo poseo acerca de cómo
extraer agua de tu propio río.
La
elección es un detalle vital, yo no estaré dispuesto a ceder el poder,
y si tu no crees importante poseer esa información: la
dependencia simplemente se perpetuará.
De
todo esto no es que el mundo no haya hecho sonar la alarma, de hecho el
documento conocido como Informe MacBride intentó colocar en el centro
del debate mundial esta cuestión hace ya varias décadas.
La
guerra fría mantenía al mundo dividido entre miles de espías,
servicios de inteligencia y una paranoia generalizada por la filtración
de información que un bloque pudiera utilizar en contra del otro.
En
esa coyuntura política internacional las propuestas de la comisión
fueron tildadas simplemente de inviables bajo todo concepto.
Han
pasado más de dos décadas, no sería para nada positivo dejar de lado
el debate, y tampoco es menester esperar un cambio en la coyuntura
internacional ya que los bloques (ya no tan infantilmente divididos como
en épocas de la guerra fría) seguirán mutuamente buscando amenazas
reales o espectrales.
La
esencia básica de la comisión MacBride (nombre que proviene
de quien estuvo al frente de la comisión, Sean MacBride) se presentó
en la Resolución de Belgrado, aprobada
por la 32a. Sesión de la Conferencia General de la UNESCO, en octubre
de 1980.
Estos
son los once principios, en los cuales debería fundamentarse el NOMIC -
Nuevo Orden Mundial de la Comunicación y de la Información:
1)
Eliminación de los desequilibrios y desigualdades que caracterizan la
situación vigente.
2) Eliminación de los efectos negativos de determinados monopolios, públicos
o privados, y de las excesivas concentraciones.
3) Remover de los obstáculos internos y externos para un libre flujo y
más amplia y equilibrada diseminación de informaciones e ideas.
4) Pluralidad de fuentes y canales de información.
5) Libertad de prensa y de información.
6) Libertad para los periodistas y todos los profesionales, en los
medios de comunicación, una libertad inseparable de la responsabilidad.
7) Preparación de los países en desarrollo para lograr mejoras en sus
propias situaciones, sobre todo en lo que respecta a la adquisición de
equipamiento propio, capacitación del personal, recuperación de
infraestructura, además de tornar sus medios de información y de
comunicación sintonizados con sus propias necesidades y aspiraciones.
8) Compromiso sincero de los países desarrollados para ayudarlos a
alcanzar dichos objetivos.
9) Respeto a la identidad cultural de cada pueblo y al derecho de cada
nación para informar el público internacional sobre sus intereses,
aspiraciones y respectivos valores sociales y culturales.
10) Respeto al derecho de todos los pueblos para participar del
intercambio internacional de información, basándose en la igualdad,
justicia y beneficio mutuo.
11) Respeto al derecho de la colectividad, así como de los grupos étnicos
y sociales, para tener acceso a las fuentes de información y participar
activamente en los flujos de comunicación.
Vale
la pena que esta especie de once mandamientos forjen una nueva religión
en el flujo de información. Sobre todo en este mundo que hoy se
configura incrementando la falacia de que la información es aquello que
consumimos diariamente mientras la real fuente de información necesaria
para sobrevivir en un mundo más equilibrado es negada, codificada,
ocultada y preparada solo para que la elite mundial conserve la fuente
del poder.
No
quiero exagerar con una noción que ubique al ciudadano común
interesado por el libre acceso a los debates de, por ejemplo, el
parlamento norcoreano o las investigaciones del departamento de estado
respecto a la vida extraterretre. Esa idiotez de porque nos
ocultan lo que tienen en el Area 51 no hace más que avergonzar el
intelecto de aquellos que pelean día a día por el libre flujo de
información, esa que si nos afecta definitivamente como personas, como
generaciones, como regiones enteras.
Cuando
mi manejo de información se dedica a lo que pasó en la telenovela, a
saber el nombre de los actores de la última película, a conocer los
detalles técnicos del último modelo de celular y a desparramar las
nociones de la complejidad de una operación de transplante editada en
la revista "Entreteinment Para Todos", siento que mi acceso y
manejo de la información es optimo, pero solo estoy sentado a la
sombra. A eso llegamos, y eso no nos hará sobrevivir en este
circo medieval con carpas modernas.
Si
la elección es no preocuparnos por como acceder a la información para
pescar y elegimos descalzar a la sombra mientras llega el pescador a
alimentarnos, no tendremos el derecho a llorar aquel día que el
pescador decida que debemos morir de hambre. Sólo podremos allí
arrepentirnos de acumular tanta estupidez y gritar: " justicia",
aunque nunca hayamos hecho nada por obtenerla realmente.
por José M. Pascual
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