Viendo
la pantalla del televisor, noticia. Una de las oficinas gubernamentales
de investigaciones informaron que el terrorista más buscado tiene
novedades .
“Ben
Laden tiene un arma nueva” dijo la teve, y queda a gusto del
consumidor imaginar esta dentro del espectro que va desde una piedra a
una bomba inteligente con forma aerodinámica, a control remoto, con
margen de error ínfimo y capacidad destructiva para arrasar el planeta
en el espacio de uno como tres segundos.
Mi
sorpresa radica en que no tengo memoria de cuando esta especie de arte
abstracto llegó a los noticiarios, y peor aún, me causa mucha gracia
imaginar hasta donde pueda llegar.Sin duda es una buena excusa para nunca faltar a la verdad.La importancia del detalle, después de todo, debe ser una
miseria de empiristas que llevan el pragmatismo a tal punto que hacen
que las afirmaciones muestren, tarde o temprano, su lado falaz.
¿Para
que se quieren detalles?Sin ellos todo es creíble, todo milagro es posible, toda
información es veraz y todos somos sinceramente honestos.
Hora
del noticiero de la mañana, tomo mi taza de café y enciendo a los muñecos
parlantes a los cuales conozco solo del pecho hacia arriba.Aquí están las noticias que debo conocer para hacerme a la idea
de en que anda el mundo exterior con el que me toparé en no más de 15
minutos.“Famoso reacciona violentamente”, “Primer mandatario
involucrado en problemas judiciales”, “Represión en acto que
conmemora fecha especial”, “Propuesta deja atónito a magnate”,
“Asesinato terrible muestra lo peor del ser humano”... todo verdad,
todo indiscutible, todo real, y sin resbalar en detalles que puedan
hacer de las noticias cuestiones que permitan el más mínimo grado de
duda.
Todo
esto sin entrar aun en el circo de las potencialidades que son aun más
gustosas a la hora de las primicias: “Habría dicho”, “Habría
estado”, “Estaría pensando”; pero aun con el halo de luz
incomprobable que a todo le da el potencial, se puede ir más lejos.
“El
Rey de Dinamarca habría soñado, una noche, que golpeaba a su par sueco
con una lámpara del siglo XIX”.¡Si señor!y que venga el mismísima corona danesa a negármelo.
“Uno
puede soñar cosas y no recordarlas en estado de conciencia” declaró
periodista de Denmark News”.
Sé
que un día, mientras tome mi café, escucharé: “Alguien le hizo algo
a alguien”, “Paso una cosa en un lugar”, “Esto podría haber
pasado si lo otro hubiese ocurrido”, “Aquel que ayer fue acusado de
un asunto hoy vuelve a hacer aquello que habría hecho según
alguien”.
Despertaré
ese día y las noticias habrán llegado al máximo de su vaciamiento.La ausencia de detalles nos habrá llevado a las dulces praderas
de lo indiscutible.
Será
como escuchar una suave musiquilla de veracidades tendenciosas que no
hablan de todo y no dicen nada.Será el día en que la ignorancia absoluta pueda afirmar que un
lienzo blanco enmarcado es un cuadro.
¿Quién
le discutirá algo a ese artista que tituló como La Nada a su supuesta
obra maestra? Y como explicárselo al que aplaude con afán el engaño.
Tomaré
mi café, pondré las noticias en la pantalla, bajaré el volumen y
escucharécomo mis vecinos se gritan, copulan, golpean las paredes, se
insultan, celebran alguna banalidad, lloran el horror y, a veces, solo a
veces escucharé que todo esta tranquilo.Creo que ahí están las noticias con lujo de detalles, aunque
corra el riesgo de malinterpretar lo escuchado,me hablan más sobre de que la va la vida.
Así
como diría conceptualmente Morrisey : “Cuelga al maldito D.J. que esa
música no habla acerca de la forma como vives”.
por José M. Pascual
Prohibida la reproducción totalo parcial
de los textos
sin el consentimiento del autor