Internet,
la red mundial que conectaría a todos los usuarios del mundo, prometía
una revolución sin precedentes en la historia de la humanidad.
Hablando de revolución en términos de comunicación y de disposición
de base da datos o en términos de percepción del mundo la revolución
ya es un hecho. Pero existía otra revolución posible que tuvo
sus minutos de gloria en los comienzos; una revolución que planteaba
igualdad, libertad y posibilidades. Esa última, quizás la más
seductora para las utópicas mentes que presenciaban la conformación de
un mundo paralelo nuevo, fracaso como fracasan todos los juegos anárquicos
una vez que los jugadores poderosos acomodan sus fichas y plantean las
reglas.
Hoy, el mundo virtual, logró realizar
la copia espejo del mundo real desarticulando el poder revolucionario de
las mayorías que soñaron alguna vez superar, desde el nuevo mundo
interconectado, los vicios de dominación del viejo mundo interrelacionado.
En un principio allí estaba el inmenso
campo verde de las triples w. Cada granjero fundador tenía las
mismas oportunidades. Una página personal se encontraba en casi
las mismas circunstancias que la web de una poderosa corporación.
Un fanzine editado por cuatro chicos en Liverpool podía llegar
potencialmente a la misma cantidad de lectores que la revista Time o
Melody Maker.
Pero la contrarrevolución desde el
mundo real tomaría posiciones rápidamente en el mundo virtual para
evitar esta utópica fiebre igualitaria.
El avance que suponía llegar hasta el
último punto del planeta logrando que el habitante pobre de San
Salvador tuviera acceso a la misma información que el niño rico de
Yale jamás tuvo ni tendrá lugar. Internet reproducía minuto a
minuto con una velocidad sin precedentes la lógica del mundo más allá
de los cables.
Las grandes corporaciones y companías
exitosas del mundo real tomaban posiciones en el tablero virtual a través
de todos los mecanismos aplicables.
La imaginación de un usuario suelto en
un supermercado de millares de posibilidades se volvió la de un usuario
clickeando en cuatro o cinco sitios por día, quizás aventurándose un
poco de vez en cuando y consumiendo la data con la misma lógica que
cuando se encuentra apartado del teclado.
Hoy los medios más importantes, las
empresas más poderosas y los lazos comerciales más rentables siguen
siendo los mismo afuera que adentro.
Un puñado de activos acompañantes de
la revolución primera (es decir la de las comunicaciones, tecnologías
y arquitectura de la red ) lograron llevarla adelante consiguiendo
fabulosos beneficios. Los románticos que fueron tras la otra
revolución fueron fusilados por su inocencia contra la pared de
material concreto que habían soñado desvanecida.
La primera revolución generó cambios
en la percepción, en algunas relaciones laborales, en el comercio, en
las velocidades, en las relaciones humanas, etc. La segunda, que
era quizás la más trascendente en la historia humana no superó apenas
el sueño de una noche de verano.
El ejemplo de Napster, para sólo tomar
uno, sirve de muestra : los resortes del mundo real saltaron rápidamente
en defensa del staus quo. En este mundo nada es gratis por mucho
tiempo, en este mundo nadie puede disponer libremente de lo que desea,
en este mundo hay demasiados intereses creados, y en estos términos los
terroristas del mundo paralelo deben ser anulados ni bien sus acciones
provoquen reflejos indeseables en el mundo material.
En la explosión cada uno comenzó a
sacar provecho de lo que pudo, como en toda revolución, el sueño de
los motores de búsqueda se desvirtúo al dotarlos de una
“inteligencia” que comenzó a discernir que es más importante lo
que dice la Enciclopedia Británica de los indios Guaraníes que lo que
los Guaraníes dicen de si mismos.
El hacker pintoresco que destruye
la web del pentágono no dejará de ser un hecho anecdótico o la
posibilidad de encontrar un trabajo en los servicios de inteligencia
(situación preferible a la de terminar en una cárcel real por un
delito virtual), y el fracaso se perpetúa porque el editorial de New
York Times o el Washington Post tendrá la tranquilidad, por el tiempo
de los tiempos, de ser cien millones de veces más leído que cualquier
cyber panfleto de algún movimiento independentista o alguna crítica
independiente a cualquier producto de stablishment.
La última pop star lanzada al mercado
tendrá su eco en la net multiplicando por millones su presencia y el
artista desconocido que había visto con emoción la posibilidad de
exhibir su obra en condiciones igualitarias recibirá las felicitaciones
de los tres o cuatro amigos que recordaron la extensa dirección de
barras, puntos, guiones bajos y números del sitio web del chico que se
creyó músico.
El poderío del mundo se refleja en la
net, y la net no se transformó en otra cosa que una muestra más de
donde está el poder.
La revolución fracaso, y eso no
significa que hayan desaparecido los anarquistas de oscuros ropajes con
bombas caseras parecidas a una bola de boliche con mecha. En el
universo punto com, igual que en el basto mundo real existen artistas,
poetas, individuos expresándose, grupos de hacedores, locos, viajeros y
personajes extraños generando proyectos y espacios. El más
optimista dirá que por mérito propio aquellas victorias virtuales
pasaran al mundo real, sin embargo la transmisión de datos es millones
de veces más fuerte en relación inversa.
Maldigo entonces la febril ilusión.
Los que sólo esperaban la primera revolución disfrutan de esta
victoria que yo también disfruto. Pero el sabor amargo de que la
segunda nunca tendrá lugar permanece en el paladar como el aguijón de
la incertidumbre de quizás muera sin escuchar lo que para mí hubiera
sido la mejor música jamás compuesta, el mejor poema jamás escrito o
el mejor cuadro jamás pintado. En este mundo, igual que en el
otro, encontramos lo que no buscamos hasta que resignados terminamos
buscando lo que quieren que encontremos.
Este escrito quizás nunca hubiese sido
posible para quien ahora lo esta leyendo, opinando incluso de manera
totalmente opuesta y reprochándose haber perdido el tiempo, sin embargo
no voy a salir por las calles con la sonrisa inequívoca ni voy a
reconocer que la revolución a triunfado.
Creo que soñar es fracasar, no me caven
dudas. Pero algún placer debo encontrar en el fracaso.
por José M. Pascual
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