Las
sociedades sentaron a sus intelectuales estándar en amplios salones con
escrituras en latín para seguir trabajando ad nauseam sobre la incógnita
“¿qué fue primero : el huevo o la gallina?”.
Es claro que no se trata de evacuar la
duda ni mucho menos, ni si quiera se trata de que un Darwin nos explique
que todo es mucho más complejo que un huevo y una gallina.
Cuestión que entre el huevo, la
gallina, las estructuras verosímiles no inclusivamente verdaderas, y
algunas que otras especies en constante reproducción, asesinan la
creatividad y las posibilidades por el módico precio de que el mundo no
nos sorprenda y que siga siendo medianamente el mismo que dejamos ayer
cuando nos fuimos a dormir. Terrorífico pero plácidamente
previsible.
Vi en la pantalla a una señora
justificando su voto para las próximas elecciones ; no importa que
elecciones, de que país ni que señora. Agrego que de ser yo esa
señora, mi voto quizás también iría lo más a la derecha
conservadora posible porque preferiría morir sabiendo que no me perderé
de nada a morir sabiendo que me perdí parte de la película (no estoy
diciendo la mejor parte de la película, estoy diciendo una parte, nada
más).
El caso es que justificaba su voto
diciendo que le daba confianza la buena posición económica del
candidato ya que ello la llevaba a deducir que no robaría del erario público.
Lo expresó con palabras más simples, más de huevo y gallina, pero esa
era la tesis al fin de cuentas.
Pensé en lo fabuloso de las
estructuras mentales lógicas y aplaudí el trabajo de años de
desarrollo. En la otra pista del circo veía una salvaje represión
policial en San Francisco y pensé en los que se atreven a romper las
estructuras lógicas. “No es el momento para gritar en contra de
la guerra” decían los palos y los gases; la libertad debe expresarse
en carnaval, en marchas antiterrorismo, en la marcha del orgullo gay, en
el festival de bomberos voluntarios de Nápoles o en la
conmemoración del día del castor en Vancouver.
Es decir, la lógica, por el contrario
de lo que pueda pensar un distraído, nos lleva a hacer uso de la
libertad sólo en circunstancias en que una lógica estructural más
general no se vea amenazada. Es decir, ejercer la libertad sobre
el presente tiene un precio diferente a ejercerla sobre el pasado o
sobre el futuro.
De hecho si hoy se organiza una marcha
de protesta por los que dejaron su vida en el muro de Berlín o por la
extinción de algún pájaro en la selva tropical para el año 2023, los
activistas de la causa podrían cruzar de costa a costa sin encontrar más
que sonrisas piadosas. La lógica debería ser que importa Berlín,
San Francisco y el pájaro. Pero ayer en la pista los garrotes y
las balas fueron para la ciudad de las calles en pendiente, como
gritando: “apliquen su libertad, las que nosotros les damos, sólo en
pájaros y muros”. Hoy es la invasión a Irak: “exprésense
sobre eso en otra ocasión”.
Y si Berlín o el pájaro fueran
“presente” igualmente serían tan pocas la libertades involucradas
que tampoco merecerían ser llamadas por la atención de esa lógica
magna (por llamarla de alguna manera).
Después de mirar al huevo, a la
gallina y así varias veces, no nos sorprenderá la lógica de quienes
se proclaman custodios de la libertad y no escuchen la propia voz de la
conciencia (parte de su propio pueblo).
Los Saddam Husseim y los Bush – Blair
aplicaron su lógica, y como dijo un funcionario iraki: “el
juego terminó”.
En el camino: muerte, hambre y
devastación. Siglos perdidos por la lógica de la fuerza que es
por ser la más primitiva de las lógicas “la más fuerte de las
lógicas”. Tan fuerte que no resiste la más mínima lógica.
Cuando el juego termina para algunos,
recién empieza para otros, porque en realidad el juego nunca tiene
punto final. Algunos detalles se olvidaran, las victimas y
victimarios cambiaran en algunos casos su posición depende el ritmo del
juego y en realidad para los únicos para los que el juego realmente
terminó es para los cuales este tipo de locuras no son un juego y
les fue la vida con ello.
El huevo o la gallina nacieron para
perpetuar el espiral. Así como exijo juventud con experiencia
para un puesto laboral, así como exijo seguridad con pena de muerte, así
como exijo admiración sin envidia, así como exijo éxito sin
riesgo, así como exijo que el mozo sea mi esclavo mientras dure la
cena, así como yo seré su esclavo el día que él gane la lotería
provincial y corteje a mi hija, así de simple es la lógica.
Un poco más compleja es la lógica de
la libertad, pero su estructura es tan lógica como la de las lógicas más
simples. Es más si algún día desviamos la mirada y dejamos de
pensar que entre el huevo y la gallina deberíamos encontrar la
respuesta, el espiral se quebraría estallando como el universo.
Encerrados en un cuarto solos con un huevo y una gallina lo mejor que
podemos hacer, si queremos vivir en un juego de valentías idiotas con
libertades fútiles y jamás cobrar conciencia del horror, es confiar en
que la respuesta está allí : en el huevo o en la gallina, aunque
sepamos fehacientemente que nunca llegaremos a la respuesta exacta.
Fuera del cuarto: dios. Quizás
no el dios misericordioso y protector de los creyentes. Tampoco el
dios ignorado de los ateos y agnósticos modernos. Un dios que no
puede soportar la tentación de reírse a carcajadas de sonoros truenos
por vernos en una habitación infinitamente lógica con una gallina estúpida
y un huevo podrido.
por José M. Pascual
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