Pensé
en escribirle una carta al presidente de los Estados Unidos agradeciéndole
la guerra. Porque hay días en que mi optimismo es tal que hasta
me siento feliz de convivir con mis dolores más profundos.
Hubo y hay
guerras; no me interesan las que están ocurriendo en Africa ahora
mismo, tampoco la represión y el choque con independentistas en algunos
lugares como Chechenia, lo que pasó en la ex Yugoslavia, las masacres
latinoamericanas, las revueltas en algún punto asiático, la tensión
entre Paquistán y la India, las guerrillas en Colombia. Todas
esas no me interesan porque ya pasaron, porque ya llevan mucho tiempo,
porque se tornaron aburridas o porque no están siendo televisadas.
Gracias señor
presidente porque su obstinación y grandilocuencia me hace aprender
cosas día a día. Hoy justamente revisaba mi diccionario tratando
de ver si usted y sus aliados mentales y físicos eran asesinos como
algunos millones de ignorantes blasfemos los llaman en las calles.
Asesinar es matar alevosamente, una acción que nunca podría caberle
porque usted está al frente de una gran nación y las grandes naciones
no asesinan ¨ hacen simplemente lo correcto en nombre de la paz ¨
interna o externa ¿es así, verdad?
Perdone a esas
personas que insisten con el No a la Guerra, yo creo que en realidad lo
que buscan guerras como estas es “acecinar”, suena parecido en
castellano, pero acecinar significa reducir la carne a cenizas y viendo
el rostro de algunos de los chefs que dan la cara en está lucha
(a miles de kilómetros de donde suenan las bombas) creo que saben más
de cocina que de muerte.
Gracias porque
ahora nombres como los de Saddam Husein, Donald Rumsfeld, Tarek Asís,
John Altman, Colin Powell, Oliver North, Mohamed Saíd al Sahaf, y hasta
el suyo George W. Bush, me suenan conocidos.
Gracias porque
lugares como el hospital Um Qasr, la ciudad Al Hillá, Nayaf, Kerbala,
Basora y Nasiriya, ahora se que existen y vive allí gente como en
ciudades y lugares con mucha mayor prensa.
Gracias por el
emotivo rescate de la soldado Jessica Lynch que pudimos ver todos los
ciudadanos del mundo a pesar de que la cadena Al Jazeera tuvo algunos
problemas de transmisión.
Gracias señores
de las decisiones, gracias Tony Blair, José María Aznar y algunos
otros : ya se han hecho todas las películas posibles sobre
la segunda guerra, sobre Vietnam, y ya no tenía sentido ver a Rocky
peleando contra un maldito soviético.
Gracias por
regular la libertad de expresión, era hora que el país de la libertad
reconociera que la información es un bien demasiado preciado como para
que cualquiera la obtenga.
Gracias señores
de Washington por darle sentido a la maquina bélica; que comerían los
pobres niñitos hijos de los empleados en las fabricas de
armamento, con que soldaditos antiguos y desteñidos practicarían los
hijos de los hijos de la bomba atómica.
Gracias por las imágenes
minuto a minuto que llegan de Irak y recuerdan esos fines de año o días
de la independencia en que el cielo se ilumina de mágicos colores y
suenan estruendos que asustan a los perros y emocionan a vencidarios
enteros.
Gracias por no
dejar hablar a los artistas, ellos saben de arte y esto es mucho más
serio aunque algún afiebrado hable del arte de la guerra. Y
gracias a los artistas que prefieren dejar que todo esto sea un recuerdo
para expresarse al respecto. Gracias a los cobardes que no
levantan su voz, sería un desastre si se escucharan todas.
Gracias porque por esta guerra las cuestiones de cada país desaparecen
bajo tierra siguiendo su curso nefasto mientras nos comemos un perro
caliente y bebemos una dorada cerveza frente al televisor deseando que
mañana las imágenes sean un poco más morbosas.
Gracias por mi
sudadera de la estatua de la libertad que hoy tiene más sentido que
nunca, gracias por enseñarme que la diplomacia tiene un limite, que no
hay mejor defensa que un buen ataque, que existe un lugar llamado Bagdak,
que un misil pesa más que una veintena de seres humanos minimamente
alimentados, que en oriente existen otras culturas y no sólo hay
pastores repitiendo el Corán y dispuestos a morir por Alá; gracias por
demostrar con contundencia que el petróleo es sumamente importante, que
el diablo existe, que hay que tener cuidado de a quien se le da la mano
porque puede pasar de ser un honorable aliado estratégico a la
encarnación del demonio.
Gracias por enseñarle
al mundo que cuando una extraña madre, vestida con túnicas y el rostro
cubierto, vuela en pedazos abrazada a su hijo, el piso queda manchado
con sangre. Y viera que sorpresa la mía, señor, cuando vi que
esa sangre se parecía tanto a la que hoy por la mañana cayó en mi
lavatorio luego de que por torpeza al afeitarme me produjera un pequeño
corte.
Muchas gracias y
disculpe si ahora lo dejo pero no puedo dejar de ver la televisión.
Este circo siempre tiene novedades para mostrarnos.
por José M. Pascual
Prohibida la reproducción totalo parcial
de los textos
sin el consentimiento del autor