Este
circo es un éxito absoluto.Mitad
porque ha perfeccionado sus engaños, atracciones y capacidades a través
de los tiempos, mitad porque todos formamos parte de él.Y un día te levantas para ser equilibrista, y otro para ser
payaso, y otro para ser la bestia, y otro para contorsionarte ; y
así cada vez sin dejar de ser también un espectador furtivo deseoso de
más circo.
Existe cierto
concepto que indica que para pintar, escribir, describir, opinar sobre
cierto paisaje hay que saber o al menos dar a quien contempla nuestras
expresiones la idea de que se sabe.En esta líneas, como sospecho fueron todas las que la
precedieron y todas las que vendrán, voy a intentar la experiencia de
una libertad sojuzgada por él intelecto : escribir con la
conciencia de no saber nada pero disfrutando de un quizás falso
conocimiento itinerante e intermitente sobre algunos puntos de empírica
experiencia, dudar con toda certeza, afirmar a los gritos, cambiar de
parecer, sostener insostenibles por un afán ridículo, desmentirme,
mentirme en busca de miligramos de placer y soltar insultos adecuados
para llenar de cemento cualquier debate que me genere aburrimiento.
Uno, generalmente,
lee o escucha a determinados loros para ver si coinciden con lo que
piensa uno y lo expresa de manera más acabada.Uno le pide a esos loros coherencia, compromiso, gentileza,
cierto arte y moderada vehemencia. Uno exige y agradece, envidia o lanza
piedras para que bajen del palito al que se han o los han subido.Y uno, que también es loro, se sorprende ante la naturaleza del
otro que no es ni más ni menos que la nuestra.
Somos espectadores
y trabajadores permanentes del circo cuya millonésima parte del espectáculo
no llegaríamos a percibir en trescientas vidas longevas y que varias
veces tuvimos la sensación de comprender en un par de segundos.
Cada uno tendrá
su pista central, su número favorito, sus admiradores y admirados, su
momento de gloria y su instante de fracaso.Nada importa más que las palomitas de maíz y nuestra desgastada
capacidad de sorpresa para poder conservar las pulsaciones.No tendría gracia si los números reiterados de esta variada
fauna no nos dejará de vez en cuando con la boca abierta.
El
circo apesta con el olor nauseabundo que emanan nuestros cuerpos
perfumados.El circo nació
para apestar con nuestros números de payasos asesinos, poetas
millonarios, mascotas violadas, equilibristas obligados, putas
intelectuales, bellas durmientes ninfómanas, estrellas histéricas,
gigantes drogados y enanos perversos.
Sabemos a que
huele, a que sabe, como se ve y como se oye, y hasta a veces podríamos
afirmar que sabemos como se siente.Nos fascina que alguien nos diga a que huele, a que sabe, como
suena y como se siente.Todo
eso con una sospecha adormecida de que es imposible.
Lo
que si es posible para uno es tratar de expresar una porción de lo que
le pasa con sus sentidos en Este Circo.Después de todo, creo que de eso se trata.Coincidencias, disidencias y tomar aire para volver a tener que
hacerlo en casi la misma cantidad de tiempo que dura un orgasmo.
por José M. Pascual
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