Nació de la unión de María y un carpintero... No hablamos de Jesús,
pero para los interistas fue lo más parecido a Dios que
conocieron.
Un 16 de abril de 1916, María, dio a luz en las cercanías de la Plaza
Italia de Bs. As. a Helenio, el cuarto de sus hijos junto a Paco Herrera
Gavilán. El único vivo, los otros tres quedaron sepultados en Gibraltar
cuando esta pareja de andaluces decidió cruzar el Atlántico para
"hacerse la América", tal como lo hicieron miles de inmigrantes. Pero,
la suerte no los acompañó y, cuatro años más tarde, partieron hacia otro
destino llevándose con ellos a la pequeña Aurora recién nacida y última
componente de la familia.
La lucha por la supervivencia
Recién llegados a Casablanca (por entonces Marruecos era una colonia
francesa) el pequeño Helenio casi muere de un ataque de difteria.
Se salvo de milagro, ese echo marcaría entonces una constante en la vida
de Helenio: luchar siempre, por ser el mejor, aunque enfrente este la
muerte. Casi con resignación aceptó el "mandato" familiar y salía todos
los días en busca de las monedas que ayudarán a mantener la casa. El
fútbol era la única distracción de Helenio. Y lo fue tanto que
rápidamente formo parte del Rocanegra, el equipo del barrio. Fue allí
dónde los descubrió un representante del Racing de Casablanca y lo llevó
a las filas de ese club, que le permitió defender en la categoría Sub-17
a la selección de fútbol de Marruecos.
El trampolín
No era un gran jugador pero su gran voluntad y sacrificio hizo que el
Club Francais de Paris se fijará en él. Allí en Francia, Helenio se hizo
jugador semi profesional, obrero calificado (trabajaba en Citroên) y
padre de familia (se caso con Lucien la primera de sus tres esposas).
Luego vino su pase al Red Star, también de Paris, y su paso por la
selección de Francia, hasta que a los 25 años una lesión en su rodilla
lo quito del fútbol como jugador.
Helenio entonces buscó ser DT y en 1941 con el título recién recibido
asumió en la dirección técnica del Red Star, equipo que pululaba por la
mitad de la tabla de un campeonato francés que se jugaba pese a la
Guerra. Helenio lo sacó campeón hecho que le valió ganarse el apodo que
más le gustó llevar "El Mago".
El gran salto
Desde entonces dirigió equipos de Francia, España, Italia y Portugal,
también a las selecciones de los tres primeros países. Ególatra y
polémico, convirtió su nombre en una marca (HH) y posicionó el cargo de
entrenador en un lugar de protagonismo impensado hasta su aparición.
Marcó, a su modo, una nueva era en el juego del fútbol.
Desde que Angelo Moratti lo vio dirigir al Barcelona que eliminó
a "su" Internazionale de la Copa de Ferias (ahora Copa UEFA) sabía que ese
era el hombre ideal para manejar al equipo milanés. El "matrimonio"
entre HH y Moratti llevó al Inter a escribir el mejor capítulo en la
historia del club y también de sus vidas. "Juntos" ganaron 3
Scudettos,
2 Copas de Campeones y 2 Intercontinentales. Como en todo "matrimonio"
ejemplar la ruptura debe ser escandalosa, y vaya si lo fue. HH se alejó
del equipo milanés en 1967 en medio de sospechas de doping. Ya nada
quedaba de "El Mago" que se recibió de DT en Francia, y mucho menos de "El
Hitler del fútbol" apodo ganado en Italia por su estricta
disciplina. La debacle había comenzado.
El triste final
Cinco años al frente de la Roma, un regreso sin gloria al
Inter y un
paso por el pequeño Rimini de la serie "B" para partir de la península
itálica hacia la ibérica donde llevó al Barcelona a ganar la Copa del
Rey del ´81. El día de la final, un 18 de junio, HH dirigió su último
partido.
Pocos se acordaban de Helenio Herrera en 1997, en Italia el fútbol era
cada vez más mediático y lleno de goles. Nadie se acordaba ya del líbero
y los stoppers, y "el catenaccio", su gran invención, reposaba en los
libros de historia de tácticas y estrategias futbolísticas. Por eso fue
que en noviembre de ese año él no le puso oposición al infarto que lo
sorprendió en un hospital de Venecia.
HH un hombre que inventó un personaje tan estricto, engreído y ególatra
que era capaz de enfrentar a todo y a todos. Un personaje tan auto
suficiente que el día que el fútbol decidió "matarlo" se llevó consigo
al hombre.