"Rosario cuna de grandes" reza el letrero a la entrada de la ciudad.
Y algo de eso debe tener este lugar que le dio a los argentinos a su
mejor humorista, al Che Guevara y ... ¿al mejor futbolista del país?
Mario Carlovich es un yugoslavo que llegó a la Argentina, más
precisamente al puerto de Rosario, allí por los inicios de la década del
´30. Decidió instalarse en el barrio Belgrano de esa ciudad y trabajar
allí como plomero, arreglando o destapando cañerías. Allí Mario formó su
familia, se casó y tuvo siete hijos. El último "Tomasito" fue quién,
involuntariamente, convirtió ese apellido en leyenda....
Historias de sus tardes
Aquel niño nacido un 20 de abril de 1949 y que jugaba en los descampados
de su barrio fue descubierto enseguida y lo llevaron a las inferiores de
Rosario Central. Allí fue dónde Tomás Felipe Carlovich debutó en Primera
División, aunque jugó solo dos partidos. Luego pasaría a Central Córdoba
un club de la misma ciudad pero que jugaba en la tercera categoría y
dónde forjó gran parte de su anécdotario:
Toma 1: Rosario. Cancha de Central
Córdoba. El Charrúa juega contra Talleres de Escalada, la hinchada
delira con cada toque de "El Trinche" y un hincha con su nariz aplastada
contra el alambrado lanza un grito, una súplica, que se transforma en
orden para Tomás Felipe Carlovich. "Mete un caño de ida y vuelta,
Trinche, dale". Carlovich que lleva el balón "atado" a sus pies lo hace.
Y la hinchada - junto al rival humillado- mueren .
Toma 2: Rosario. Cancha de
Rosario
Central. Es abril de 1974 un combinado de la ciudad enfrenta a la
Selección Argentina que se prepara para el mundial de Alemania. Ese
partido que debería ser un trámite para un equipo con el poderío de Brindisi, Housseman, Poy o Potente termina siendo el "partido de
Carlovich" tanto que en el entretiempo el DT del seleccionado argentino
les pide que bajen la marcha. Imposible, si Carlovich se divertía con
eso, con su fútbol. El Trinche no aflojó y junto al "Matador" Kempes
dibujaron el 3-1 final.
Adiós al fútbol. Hola a la eternidad
Es un sábado gris de fines de 1982, una tarde fría para esa altura del
año. Un 4-0 en el partido de ida le permitió a Central Córdoba
afrontar la revancha de la final sin tantas presiones. Esa tarde
Carlovich dio una de sus mejores funciones, quizás por que sabía que
sería la última. Soportó estoicamente las patadas de los jugadores de
Almagro y coronó su tarde festejando con una vuelta olímpica a los 33
años. Y así se fue el Trinche con la satisfacción de dejar a "su"
Central Córdoba en
Primera "B".
No hay, no hubo, no habrá, ninguno como él dicen en Rosario y siempre
hay una historia a mano para lubricar el mito: principios de los ´90
llega Diego Maradona a la ciudad para jugar en
Newell´s y antes de
finalizar su primera conferencia de prensa, el Diez dice:- Yo creía
que era el mejor del mundo. Pero acá, en Rosario, dicen que hubo un tal
Carlovich que fue mejor que yo".
Hoy el Trinche vive en el barrio 11 de Septiembre, al oeste rosarino, en
una casa humilde con su mujer y sus dos hijos y trabaja con uno de sus
hermanos como colocador de pisos. Convencido de que pudo haber llegado a
más si hubiesen confiado en él cuando estuvo en equipos importantes (Rosario
Central y Colón de Sta Fe), pero alegre por que según cuenta, su "forma
de ser" no hubiese soportado el destierro ni el rigor físico al que
es sometido un futbolista profesional.
Tomás Felipe Carlovich, el hombre que prefirió cargar con "la
Cruz" del "pudo ser..." a soportar el calvario de un posible
fracaso.