Una vieja costumbre de Enrique Castro era volver. De chico
volvía, sonámbulo, a la escuela. De grande se retiró en el Barcelona,
pero volvió al Gijón, su primer club. Aquella tarde de 1981, también
volvería...
La realidad social de la España post-Franquista nos pintaba un
país cargado de odio que guardaba en cada rincón diversas formas de
peligro. Oficiales y clandestinas. Típicas y excepcionales. Con una de
ellas se cruzaría Enrique Castro.
La Estrella
Enrique Castro es la figura del Sporting Gijón, el tesoro más
preciado del equipo de Asturias que se niega rotundamente a soltarlo, él
mucho problemas no se hacía puesto que según sus dichos "Asturias es un
paraíso, no hace frío ni calor y se come de maravillas..." Sin embargo
la pila de millones que ofreció el Barça quebró la resistencia del Gijón
y Quini, así lo apodaban, se mudó a Catalunya para la temporada ´80/81.
El peor día de su vida
Ya estamos en la recta final de la Liga, es domingo 1º de marzo de 1981
y Quini aportó dos de los goles con los que el Barça superó en el Nou
Camp al Hércules. Este triunfo dejó al
Barcelona a un punto del
Atlético Madrid
a quién visitaría la próxima fecha. Pasada la excitación
y ya en el vestuario Quini se puso a pensar en el decisivo encuentro con
los colchoneros, sin saber que nunca llegaría....
Ya pasaron dos horas de la goleada y Quini se dirige hacia su automóvil,
al ingresar la llave en la cerradura sintió en la nuca el frío caño de
una pistola. Ya no era dueño de su destino.
Justo él que en la cancha buscaba espacios como agua pues sufría
claustrofobia, fue encerrado en un cajón de madera de un metro de
alto. El que amaba Asturias por su comida y su clima, se vería
obligado a pasar una "temporada" en un sótano de 3m x 4m sin ventilación
y con una puerta en el techo, a 3m de altura, como única vía de escape,
y con un menú rutinario: sandwich.
La noticia tomó estado público recién el lunes por la noche cuando la
policía encontró abandonado en una carretera el vehículo del goleador,
anteriormente la mujer de Quini había llamado al club para saber por
que no regresaba siendo ya la noche del domingo e inmediatamente
enterado de esta situación el Barcelona hizo la denuncia por
averiguación de paradero pero le pidió a la policía absoluta reserva.
El Cautiverio
Fueron veinticinco días en los que Quini sabía que empezaba uno nuevo
por que sus captores lo despertaban con canciones de Julio Iglesias, su
cantante favorito. Fueron veinticinco días en los que el Barcelona se
desmoronó. Por supuesto que perdió con el Atlético y sólo sacaría un
punto de los 12 que disputó mientras su "9" estuvo "ausente".
Una noche cualquiera Mari, la esposa del jugador, recibió un llamado,
eran los secuestradores. Querían U$S 1.2 millones depositados en un
banco suizo, donde el anonimato de los titulares de cuenta era garantía.
La petición fue cumplida de inmediato, ahora a esperar...España solicitó
romper ese secreto y detuvieron a uno de los secuestradores cuando
retiraba algunos dólares.
La Resolución
El detenido confesó que el jugador estaba en Zaragoza y que ya pensaban
liberarlo por que no podían mantenerlo más. Estaban cercados. Cuando la
policía tomo por asalto la casa, no encontró nada. Solo a un hombre
sucio, harapiento y barbado al que apuntaron con sus fusiles y este
entre llantos les dijo que era Quini. Costaba reconocerlo, pero era él.
Esa misma noche dio una conferencia de prensa, lloró como un chico en su
primer día de clases y se arropó en el pecho de su señora. Del otro lado
Luis Nuñez, el presidente del Barça, lo abrazó. Se acabó entonces la
conferencia, había sido un día muy largo y Quini, por propia decisión,
debía presentarse a entrenar al día siguiente con sus compañeros.
Quini tenía una costumbre: Volver. Y ni un secuestro pudo evitar que
le fuera fiel a su costumbre