Una vieja frase del mundillo futbolístico dice que "el fútbol
siempre
da revancha". Muy pocas son las veces en que la vida se transforma en
el sujeto de esta oración...
Hacía mucho frío por aquellos años 50. Europa estaba clavada en medio de
la Guerra Fría entre la Unión Soviética y EE.UU.. En el fútbol no había
guerra sino "monarquía", el
Real Madrid de Alfredo Di Stéfano se
adueñaba de cuanta Copa Campeones jugara.
La Sombra
Desde la Europa Insular aparecía un regenerado Manchester United
quién luego de soportar la dureza de la Segunda Guerra, que llevó incluso
a tener que reconstruir su estadio el "Old Traffor", quería hacer
mella a nivel continental de la mano de la Dirección Técnica del escocés Matt Busby. El Manchester venía de ganar dos
Premier League en
forma consecutiva.
La influencia del DT era tal que los Diablos Rojos dejaron de lado
por un tiempo su tradicional apodo para ser bautizados como los "Busby
Babes". Aquellos Bebés eran manejados en el campo por la inteligencia
de un tal Robert Robson, el mejor fútbolista inglés, y el desenfado
y habilidad de Duncan Edwards, 21 años, volante por izquierda.
Para el Manchester este, 1958, era el año para "vengar" aquella Champions
que se le escapó en el ´57. Los cuartos de final lo enfrentaron con el
Estrella Roja, en casa fue un sencillo 2-1, y la revancha en
Yugoslavia seria un 3-3 que aseguraría el paso a semifinales. Fue el
último partido de los Babes
Los "Diablos" van al Cielo
Era el jueves 6 de febrero de 1958, luego de partir desde Belgrado, la
nave Elizabeth, de la British Airways hizo una escala técnica en Munich,
Alemania, y una hora después del aterrizaje ya estaba pronta para el
despegue.
Las condiciones de ese día no eran las ideales: había nevado demasiado y
luego de dos intentos fallidos la nave despegó. Pero el hielo acumulado en
las alas impidió que el avión levantara vuelo y tras tocar contra las
copas de unos árboles, se estrelló con un hangar ubicado en el final de la
pista dónde se depositaban tanques con combustibles.
En un instante todo se transformó en un caos. Fuego, sangre, cuerpos
mutilados y muerte se mezclaban en un espantoso cóctel. Las sirenas no
paraban de sonar y el Isar Hospital fue el nuevo destino de los
sobrevivientes.
En el impacto murieron 29 personas, entre ellas siete jugadores del
Manchester, y un octavo el prometedor Duncan Edwards murió dos días
más tarde en el hospital a causa de las quemaduras sufridas. Fue el
final de los "Busby Babes".
Ese jueves Inglaterra se congeló por la noticia. La fecha de Liga que se
disputaba el sábado se jugó igual porque "así lo hubieran querido los
fallecidos". El Manchester se presentó recién dos semanas más tarde en
un colmado Old Traffor y con un equipo plenamente juvenil derrotó 3-0 al
Sheffield Wednesday. El partido se transmitió por radio para Munich, dónde
aún estaban algunos de los heridos.
Los sobrevivientes
Johnny Berry y Jackie Blanhflower anunciaron su retiro del
fútbol no bien fueron dados de alta. Robert "Boby" Robson salió
increíblemente ileso y el DT Busby se recompuso luego de una larga
recuperación pese a las escasas esperanzas de los médicos. Tanto Robson
como Busby decidieron seguir en el Manchester, es que ambos tenían un
juramento por cumplir.
La vida y el fútbol se unieron y les dieron revancha. En 1968 el
Manchester United logró levantar esa ansiada Copa de Campeones con Busby
como mánager y Robson como DT.