Desde que se emplea el goal averagge (diferencia de
gol) para
definir una clasificación en una definición mano a mano en partidos de ida
y vuelta, el sueño de todo equipo que se sabe inferior a su rival de turno
es: ganar en casa y sacar un punto de visitante, o perder por una
diferencia menor a la obtenida en la ida. La lógica, entonces, indica
clasificación asegurada.
Claro siempre y cuando esta serie no se juegue en la argentina dónde una
situación similar a la planteada en el ejemplo se define por ... una
moneda.
Compre Argentino
Corría el año 1962 y los dirigentes del Consejo Federal, ente que
organiza el Torneo Argentino, decidieron que para hacer más
atractivo este campeonato seria una buena idea eliminar los empates.
De esta manera los encuentros disputados por este Torneo, que agrupaba a
selecciones de distintas localidades del país, que finalizaran empatados
deberían definirse con un alargue de 30 minutos (con Gol de Oro) y de
persistir la igualdad se iría a una serie de cinco penales por equipo.
La Final de nunca acabar
Los seleccionados de Mar del Plata y Necochea debían definir, en una final
a ida y vuelta, quién se quedaba con el Grupo "F" y el avance a una nueva
etapa. El partido de ida jugado en Necochea se lo llevó el local por 3-1,
insólito resultado si se tiene en cuenta que Mar del Plata era el amplio
favorito. Aunque más insólito fue lo que ocurriría en la revancha.....
Era la fría tarde del 29 de julio y ni el árbitro ni la multitud que había
concurrido al Estadio General San Martín sabían que estaban asistiendo a
un hecho histórico. El partido iba 2-2 y luego de jugarse un par de
minutos de descuento el colegiado da por concluido el encuentro. Brazos en
alto y festejó para la gente de Necochea que por el resultado de la ida se
adjudicaba el grupo. Pero NO. El reglamento decía que no podía
haber empates, entonces debía jugarse el alargue. Allí comenzó el absurdo.
El arquero de Necochea se sentó en la línea de su arco, esperando que
sus compañeros le hagan el gol en contra que pusiera el 3-2 para Mar del
Plata, diera por concluido el encuentro y ganada la serie a Necochea por
la diferencia de gol. Pero ello nunca sucedió puesto que los jugadores de
Mar del Plata "defendían" el arco rival, para evitar "ese
gol" y así
llegar a los penales dónde sí podrían obtener la diferencia de tres goles
que les otorgara el grupo "F".
La situación era tan grotesca que el público no soportó e invadió la
cancha con la intención de agredir a los futbolistas visitantes. Esto
llevó al juez a suspender el encuentro cuando apenas se habían jugado
cuatro minutos del suplementario.
Y como termina la historia
Dos días después de la suspensión el Consejo Federal decidió que se
completen, a puertas cerradas, los 26 minutos restantes del tiempo
suplementario pero con la salvedad de que un gol de Mar del Plata
obligaría a un tercer partido. Por supuesto esto fue lo que ocurrió.
Entonces las selecciones de Mar del Plata y
Necochea volvieron a verse las
caras en un tercer y definitivo encuentro en el Estadio Gral San Martín.
Los noventa minutos concluyeron 1-1. El suplementario se fue sin goles y
llegaron los penales. Aquí también empataron, fue 4-4, y como no existía
la reglamentación de continuar con series de un penal por equipo hasta
definir el ganador. ¿Qué hacemos?. El "bendito" reglamento estipulaba que
ante una situación de "total paridad" debía definirse por....
una moneda.
Y otra vez la misma historia, ¿quién elegía cara y quién seca?. El árbitro
harto de estas disputas arrojó la moneda al aire y cuando esta estaba
girando señaló al capitán de Necochea y lo indujo a decidirse. "Cara" se
escuchó. Y la suerte estuvo de su lado.
Debieron pasar tres partidos, una suspensión, dos tiempos suplementarios,
una serie de penales y una moneda. Para que finalmente se haga justicia.
Pasó Necochea.