Se odian, se rechazan, se repelen, gozan cuando al otro le va mal....Pero
en definitiva ninguno podría existir sin el otro. Por que los clásicos
rivales (de ellos hablamos) son los que le ponen la sal (y la pimienta) al
mundo del fútbol.
El más Viejo...
No es otro que el partido escocés por excelencia Rangers - Celtic,
cuya primera edición (que gano Celtic 5 a 2) se jugó en mayo de 1888.
En 1872, adoptando el nombre de un equipo inglés de rugby, cuatro jóvenes
protestantes del barrio de Glasgow Green fundaron el Rangers. El Celtic
nació 16 años después (1888), por impulso del hermano Walfrid, director
del Colegio Marista de Glasgow, en la zona de la ciudad mayormente
habitada por irlandeses. De ahí el trébol en su escudo y el color verde en
la camiseta. Y fue clásico desde siempre, por una razón insalvable:
Rangers - Celtics representa un enfrentamiento religioso.
Desde siempre Rangers - Celtic es sinónimo de fútbol escocés y tan es así
que según el esquema de campeonato deben enfrentarse cuatro veces en
fechas ya determinadas, en este caso por afuera del sorteo del fixture, de
acuerdo a una tradición. El Primero en Septiembre, luego a fin de año (el
más tradicional), en Marzo y afines de Mayo.
Es tanta la supremacía de estos equipos respecto de lo demás que es
difícil que el torneo no termine siendo para uno de ellos. Por eso el
dominio de uno sobre otro se determina de acuerdo a la cantidad de
campeonatos obtenidos en forma consecutiva. Así el Celtic acumuló nueve
desde 1966 hasta 1974. Cifra igualada por el Rangers 23 años después con
la obtención de la Liga 1997 (su novena consecutiva).
El "Partido" Político
Real Madrid -
Barcelona, o viceversa, es para la mayoría, el
partido más importante del fútbol español. De eso no hay dudas.
Para otros, en cambio, es mucho más. Una excusa para canalizar el
enfrentamiento histórico entre el centralismo de Madrid y el autonomismo
catalán. Una antinomia en la que mucho tuvieron que ver las cuatro décadas
de franquismo. El Madrid fue, y aún hoy se lo recuerda así, el equipo del
régimen. Y al Barca, el más fuerte de los equipos regionales, se lo
identificó con el orden republicano, el más apto para derrotarlo.
El primer enfrentamiento data de 1916, por las semifinales de la
Copa de España, que debió definirse en u tercer e inolvidable partido que
terminó en una gresca general y cuyo resultado fue un empate 6 a 6, con
cuatro goles de Santiago Bernabeu para el Madrid
Fútbol y Carnaval
Las dos pasiones de los cariocas. Y si la postal de lo último es el
Sambrodomo "desbordando de fiesta". La del primero no es otra que el
Maracaná desbordado por las torcidas del Flamengo y el
Fluminense.
El carioca es un clásico particular, pues sus raíces son compartidas. El
Flamengo surgió como escisión del elitista Fluminense, allá por 1911,
cuando nueve jugadores tricolores, disgustados por haber sido excluidos de
la formación titular decidieron formar su propio equipo de fútbol.
Esto llevó a cada uno a recorrer caminos distintos: Fluminense
permaneció en el coqueto barrio de Laranjeiras, representando a la clase
acomodada de Río. Flamengo se transformó en una marea popular que
se extendió por todo Brasil.
El Flu-Fla como se lo conoce al clásico, es un término compuesto
que encierra una rica y emotiva historia. En su momento nació como una
sigla despectiva, cuando corría el año 1925 a los dos equipos se le
encomendó realizar un combinado para enfrentar al San Pablo. Y Fla-Flu fue
la síntesis con la que el ingenio popular bautizó a aquel equipo que
parecía destinado al fracaso, pero que terminó ganando para eternizar esas
seis letras que en Río son sinónimo de clásico.
Artigas y las vías ...
El Clásico de Montevideo, el enfrentamiento entre los Manyas de
Peñarol
y los Bolsos de
Nacional, es un duelo en el que la historia, la
política y la vida misma se confunden. Y hay sobrados ejemplos. Como el
que le atribuye a Peñarol raíces británicas y ferroviarias (de ahí
sus colores amarillo y negro), al que, como contrapartida le surgió un
Nacional que aglutinaba a los criollos universitarios y que adoptó el
rojo, azul y blanco de la bandera de Artígas.
La pasión en Uruguay toma formas insólitas. Cuentan por ahí que cuando
José Añón, presidente de Nacional desde 1955 hasta 1961, y dueño de la
mayor empresa de transportes de Montevideo mandó a pintar sus omnibus de
rojo, azul y blanco legisladores fanáticos de Peñarol elevaron una
ordenanza en la obligaban a los taxímetros a llevar los colores amarillo y
negro.
Pobres y ricos, nobles y plebeyos, católicos y protestantes, franquistas y
republicanos...
Desde lo social, lo religioso o lo político, estas dicotomías llegan al
mundo del fútbol y hacen de un partido algo más que eso. Lo transforman en
una justa, un derby, un clásico.