El
suelo está resquebrajado por las altas temperaturas reinantes en la zona.
Sobre el un par de pies, tan negros y resecos como la tierra del lugar,
corren detrás de un manojo de trapos que simulan ser una pelota. A pocos
metros, arriba de un vehículo alquilado un hombre blanco observa los
movimientos de ese grupo de niños, sus ojos brillan, su mente se regodea
pensando en porcentajes. Esta por entrar en acción pero... espera unos
segundos, no hay que dejarse llevar por impulsos, en los negocios hay que
ser fríos.
Frialdad, es lo que le sobra a este hombre blanco quién cuál cazador
furtivo se acerca a su presa y, traductor mediante, consigue comunicarse
con ella. La escena transcurre en algún país de África y se repite
cientos de veces a lo largo de todo el "continente negro".
El
"hombre blanco" no es otra cosa que un intermediario, y la
"presa" un niño, preferentemente menor de 14 años, el cuál
será adquirido a sus padres en una cifra no mayor a los U$S 500, para
luego ser ingresado ilegalmente en el mercado europeo.
El
caso testigo
Dungani
Fusini un chico de 14 años nacido en Costa de Marfil fue quién le puso
nombre y apellido al tráfico de chicos africanos en Italia. Detectado en
Abidján, por un agente italiano el chico ingresó en Italia en julio del
´99 sin cumplir ningún trámite de migración y fue depositado en las
inferiores del Arezzo, equipo de la Serie C-1 que funciona como una filial
del Milan. Allí, sin recibir siquiera viático, realizaba una sesión de
entrenamiento vespertina como única actividad. No iba al colegio, ni
aprendía el idioma. El alojamiento que le proveía su intermediario
distaba de ser el ideal, dormía en el sótano de un restaurante de un
amigo. Un día de septiembre harto de esta "prisión" Dungani
huyó.
El chico fue hallado un mes después durmiendo debajo de un puente. Según
los dichos de los agentes policiales que lo encontraron, nunca podrán
olvidar la desesperación reflejada en la mirada de Dungani.
Cosecha
´91
En
Montecatini, Italia, se disputó el Mundial Sub 17 el cuál coronó como
campeón a Ghana. En 1992, el Torino, por entonces en Serie A,
"importó" a la mayoría de los jugadores de ese plantel con la
idea de formarlos y de que cumpliera los cuatro años necesarios para la
nacionalización antes de llegar a la Primera y así poder venderlos a
mayor precio puesto que no ocuparían plaza de extranjeros. La maniobra no
llegó a concretarse por que la FederCalcio la descubrió y los chicos
fueron "depositados" en clubes europeos cuya legislación en cuánto
a la inmigración en más flexible. Uno de estos niños hoy juega en el
Bayern Munich y no es otro que Samuel Ossei Kuffour, el autor del gol que
le dio al equipo bávaro ante
Boca Juniors en 2001.
Para
los entendidos en el juego a los africanos es mejor incorporarlos una vez
formados, puesto que un "fútbol de laboratorio" como es el
Calcio puede destruir al jugador que esos niños llevan dentro.
Sería
bueno que este razonamiento se aplique, pero pensando que de no cumplirlo
se está destruyendo al niño antes que al jugador.