
California, Estados Unidos - A penas unas horas después de que la sonda espacial Phoenix Mars Lander descendiera en las planicies árticas de Marte, las imágenes de las latitudes más septentrionales del planeta deslumbraron a los científicos. Las crónicas marcianas comenzaban a ser enviadas el lunes 26 de mayo de 2008 desde una distancia de 275 millones de kilómetros desde la tierra después de haber recorrido 679 millones de kilómetros para llegar.
Phoenix aterrizó en Marte después de un recorrido de 10 meses. La nueva estación de la NASA en Marte dejó ver un terreno con forma de polígonos quebrados en la región polar norte de Marte, en cuyo subsuelo se cree que hay una reserva de hielo.
"Es el sueño de un científico, justo aquí aterrizando en este sitio", dijo el director de la investigación Peter Smith, de la Universidad de Arizona en Tucson, en una conferencia de prensa realizada después del descenso de la sonda.
Phoenix se unió a los exploradores gemelos de la superficie marciana, que han recorrido las planicies ecuatoriales del planeta desde 2004. A diferencia de los exploradores móviles, Phoenix fue diseñada para permanecer en un solo sitio y excavar el suelo marciano.
Después de revisar sus instrumentos científicos durante una semana, la sonda comenzará una misión de excavación de 90 días para analizar si la región polar norte tiene los ingredientes básicos requeridos para el surgimiento de la vida.
"No se sabe qué descubrimientos serán vistos en los próximos 90 días", dijo Charles Elachi director del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
En momentos como estos es inevitable recordar la obra de Ray Bradbury, convertida en un clásico de la literatura, al ver las imágenes llegadas desde la sonda. En aquel Crónicas Marcianas los terrícolas terminaban reproduciendo los errores cometidos en la tierra. Los paisajes rojizos y los seres extraños que en el libro se destacan parecen más tomados de viajes oníricos que reales, pero el mensaje es claro. El Crónicas Marcianas de Bradbury era un libro del futuro, y con sus relatos fechados en 1999 como año de inicio (fue escrito en los 50) parecía una inverosímil narración de un futuro extremadamente lejano. El tiempo transcurrió y ya las fechas del libro son pasado. El siglo XXI ya es presente y las visitas de artefactos terrestres a Marte es un hecho. ¿Se repetirán los errores? para esa respuesta hará falta más tiempo. El tiempo necesario para que la obre de Ray Bradbury sea una advertencia atendida o una realidad cronicada. Una vez más podemos dar fe de que los artistas sueñan y anticipan los mundos que luego toman forma en realidad de las sociedades.
Turismo marciano, crónicas de un viaje fantástico, imágenes de una sonda enviada a millones de kilómetros de la tierra, un mundo real.
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